Si pero, ¿quién escribe las leyes?

Como no podía ser de otra forma, la realidad se va imponiendo a la ficción. La cárcel incondicional para Junqueras y parte de los exconsejeros del Gobern pone entre paréntesis todas las interpretaciones y cábalas para arrojar una verdad brutal, la verdad de la justicia. Ya no hay extrañeza, ni retórica retorcida, ni posicionamientos seudorománticos, la privación de libertad es el fruto que cayó del árbol independentista. Muchos opinadores, en la orgía de la razón, persisten en aumentar el victimismo de los presos y eluden la verdad de la celda para que el espectáculo no decaiga.

Se va aclarando el horizonte y ya podemos imaginar el reparto de papeles en una planificación que empieza a parecer cualquier cosa menos improvisada: ¿Quién se queda aquí y va a la cárcel y quién se va a Bruselas a oponer una resistencia en la distancia? Ese parece el plan: vosotros os quedáis y yo voy a buscar ayuda. De tal forma que la espantada de Puigdemont y el supuesto cisma de la facción independentista va logrando poco a poco unificar el criterio de cara a las elecciones del 21D; acabará imponiéndose una lista única que reedite la candidatura del 2015. La cuestión que se va dibujando es saber por cuántos votos ganará (de nuevo) la candidatura que apuesta por un referéndum de autodeterminación, y ver si el Gobierno central soportará (de nuevo) la presión. En este sentido la estrategia del exgobierno catalán ya no parece tan disparatada, porque presentarse en Bruselas como Presidente autonómico no es lo mismo que presentarse como Presidente de una República en el exilio. Esta situación recuerda aquel pasaje del Quijote en el que dice el hidalgo algo así como que sufre la misma enajenación el loco como el que hace escarnio de la locura.

Que algunos aplaudan el movimiento de la justicia como síntoma de eso que llaman separación de poderes resulta bastante fariseo, toda vez que es muy discutible tanto la instancia que se apropia de la competencia legal (la Audiencia Nacional, que según qué fuente tiene competencias o no las tiene para juzgar el delito de rebelión) como los delitos imputados, como las penas previas impuestas. Todo es exagerado y todo está en discusión. Más aún al ver cómo el Tribunal Supremo opta por posturas que garantizan el equilibrio dando a la defensa de Forcadell y la Mesa del Parlament unos días más para preparar su declaración. La Audiencia Nacional frente al Tribunal Supremo, ese es el partido. Así que nos estamos haciendo unos breves expertos en cuestiones legales, como nos hicimos unos breves expertos en prima de riesgo allá por el lejano 2012.

La cuestión es: centrar el debate en el escarmiento (el que la hace la paga) o centrar el debate en el funcionamiento de la justicia (¿quién puede juzgar?, ¿qué se puede juzgar?). El punto de vista construye el discurso, se apodera de los argumentos y fija el posicionamiento allí donde nadie lo espera. Aquellos que argumentan que el problema catalán es un mero asunto jurídico olvidan que las leyes no surgen por generación espontánea: es la política quien las escribe para luego someterse a ellas.

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