La trama

Las encuestas son como el deseo: hay que atreverse para que se cumplan. De atreverse todos aquellos que afirman su deseo de votar a Podemos la formación morada quedaría en segundo lugar en unas hipotéticas elecciones; hay que ir pensando ya en pasar por las urnas. Si el cabreo de Albert Rivera con los populares de Murcia se concreta en ruptura definitiva y las primarias del PSOE dan en la esquizofrenia de Pedro Sánchez habrá elecciones y el Partido Popular así, a base de repetir, ganará algún escaño más. Yo creo que la estrategia de Rajoy es clara: llegar a la mayoría absoluta pasando por infinitas repeticiones: luego dicen que su talante no es democrático.

El problema se presentará cuando Pedro Sánchez o Susana Díaz deban plegarse a las exigencias de Podemos, porque todo pinta hacia Podemos como partido hegemónico en la izquierda. Si las encuestas se cumplen los socialistas habrán pasado en apenas dos años de imponer condiciones a sufrirlas. Bien pensado, Pedro Sánchez es el líder idóneo para esta situación esquizofrénica. La suma de Podemos más PSOE más nacionalistas puede dar más de la mitad del hemiciclo. Esta aritmética me suena, creo que la he oído hace poco…

Mientras, en Podemos, cambian de estribillo. La nueva letra es más críptica, más elitista, más misteriosa: la trama. Siguen siendo unos maestros en el márquetin político y yo les quiero para que le den una mano de pintura a este blog, no me vaya a estar equivocando yo con las fotos de torsos apolíneos. La casta era un término intenso, que valía igual para meterte con tu jefe o con aquel amigo que nunca se paga unas copas; la casta remite a la pobreza rampante de la India y al orden fascista del hinduismo, donde nadie puede ser distinto de aquello para lo que nació. La casta es la cuna, pero he aquí que el nuevo término “trama” hace referencia a un complicado engranaje; la trama es algo que hay que desenredar, algo que está ahí para ser comprendido, explicado, descifrado. Toda trama se desvela mediante la pericia de alguien que la explica. Así que Podemos nos trata de explicar cada día en qué consiste la trama. Corren el riesgo de que acabemos odiándoles como se odia al amigo que desvela el final de la película o el resultado del partido que no vimos en directo.

La trama, el argumento, el conflicto, la tela de araña, aquello que va enredando a los personajes para que acabemos viendo si son héroes o villanos. Ya no estamos ante un personaje (la casta) ahora estamos inmersos en el argumento (la trama). Cada vez que estos chicos se inventan una palabra que ya existe ponen a la prensa mundial a hacer cábalas con su significado, como si escribieran un jeroglífico en el frontispicio del Congreso de los Diputados. No sé cómo serán mandando, pero desde luego como publicistas no tienen precio.

Correción política, Putin y Trump

Hacía tiempo que no me reía tanto. Hoy he escuchado en la radio los comentarios del secretario de Vivienda y Desarrollo Urbano de los Estados Unidos de América, el señor Ben Carson. Ha dicho lo siguiente: “Hubo otros inmigrantes que llegaron aquí en el fondo de barcos de esclavos, trabajaban incluso jornadas más largas e incluso más duras por menos“. Equiparar un esclavo a un inmigrante puede ser una torpeza o un finísimo acierto, solo depende de qué derechos creas que tienen ambos. Quizá lo que quería Ben Carson era decirnos que no hay diferencia entre un esclavo y un inmigrante. Con este tipo de declaraciones siempre me queda la duda: ¿son tan inteligentes que yo, que soy idiota, no las pillo? La corrección política ha dado tantas vueltas de tuerca a los posicionamientos morales que uno ya no sabe si tiene que defender al más fuerte o atacar al más débil. Tampoco sabe uno si llamarle fascista a Hitler, no vaya a ser que me hackeen la cuenta de twitter. Llamar a las cosas por su nombre parece que trae muchos problemas.

Donald Trump representa todo lo que alguna vez uno piensa y no se atreve a decir por decoro. El racismo, el egoísmo, la falta de humanidad son una suspensión de lo que podemos llamar “calidad humana”. Cuanta más calidad humana más estúpidamente benévolo, solidario e integrador se vuelve uno. Así que suspender esa proyección de uno en los otros supone volverse un salvaje y desatar la naturaleza íntima (que lleva amaestrada tanto tiempo en la oficina). Yo creo que Donald Trump es la gran transgresión que los estadounidenses se permiten después de la falsedad de Obama, como si hubiesen ganado una apuesta con el primer presidente negro de la historia pero el botín no les pareciera lo suficientemente jugoso. Yo creo, amigos, que los americanos son unos paletos. Yo creo que los discursos de Obama que tanto se citan si los pronunciara en España un político le tirarían tomates, y no por provincianismo: el listón está aquí mas alto que allí. Amigos, yo creo que Estados Unidos no es para tanto y que Parla puede ser mucho más interesante que Ohio.

El problema es que Trump empezó haciéndonos gracia, pero los chistes que cuenta son demasiado fáciles y todos acaban igual: matan al negro, se follan a la chica. La rareza, la anomalía, el exotismo de un presidente profundamente racista en la Casa Blanca empieza a asustarme. Ya no le veo la gracia. Si, como ha afirmado, pretende que los Estados Unidos “vuelvan a ganar guerras”, viviremos ocho años bajo el discurso ininteligible de las armas. Un discurso que no había desaparecido pero se mantenía convenientemente silenciado.

Ante la advertencia de la administración Trump de recortar la ayuda en defensa en la zona euro Suecia ha restablecido el servicio militar obligatorio por miedo a que Putin caiga en la tentación de expandirse territorialmente. La relación esquizofrénica entre Donald Trump y Vladimir Putin va a convertir el mundo en un manicomio. Putin se quedará con Europa y Trump peleará por impugnar el orden asiático (parece que ya mueve sus piezas cerca de la península coreana). Nos acercamos a un nuevo orden mundial con dos líderes que despiertan en la misma medida pavor y risas, como las películas de Tarantino.

Imagino que cuando se haga un llamamiento antimilitarista los adalides de la verdad, aquellos que luchan contra la corrección política, se apresurarán a llamarnos hipócritas y blandos y nos joderán la cuenta de Facebook y twitter y luego hablarán de libertad de expresión y que su verdad es tan válida como la verdad de cualquiera y que la solidaridad ha fracasado y que la libertad solo se consigue con un esfuerzo monumental de sangre sudor y lágrimas.

Identidad

Decía Cela en una entrevista que en este país cada escritor quería oler más fuerte que otro pero todos olían igual: él se proponía oler distinto. En el ámbito político ha sucedido algo parecido, hasta que aparecieron los nuevos partidos el bipartidismo despedía un olor sospechoso viniera de las siglas que viniera. Ciudadanos y Podemos han aportado a la pituitaria de los votantes nuevas gradaciones con viejos ingredientes. Ahora bien, esta resurrección de las viejas ideologías ha hecho mella en la izquierda mucho más que en la derecha, porque el PSOE se ha sentido amenazado desde la irrupción de Podemos, cosa que no ha sucedido en los populares con la amenaza Naranja. No creo que el PSOE tenga un problema de liderazgo, su problema es de identidad.omar_borkan

El PSOE lleva muchos años reivindicando una identidad que remite a una historia que no le pertenece, sucedió en el 79, cuando Felipe González como secretario general propuso renunciar al marxismo como piedra angular del partido en favor de la socialdemocracia, y se repite hoy. Se empeña el PSOE en ser lo que no es y se empeña luego en apoderarse del liderazgo de la izquierda. Cuando uno está constantemente explicándose corre el riesgo de que no le crean: obras son amores. Pero si Felipe González transformó el PSOE, Pedro Sánchez parece constantemente querer transformarse a sí mismo, su pecado capital es el orgullo; presentarse dos veces al mismo puesto en la vieja estructura socialista puede salirle muy bien o muy mal, no habrá término medio, pero gane o pierda el ridículo está asegurado. ¿Cómo explicar el no a Podemos en su primer intento de investidura? Felipe González también renunció a la secretaría general en el 79 y luego ganó todos los referéndums. ¿Es Pero Sánchez un síntoma más de un partido que carece de identidad?

Que Mariano Rajoy pueda salir en los medios de comunicación y soltar una frase a todas luces irrelevante como si estuviera explicando los secretos del talmud no es fruto de la casualidad, detrás de sus palabras hay una identidad fortísima en la que se ven reflejadas millones de personas. Rajoy no es un gran líder pero sabe explotar a la perfección la masa que le empuja, el electorado que le apoya. Frente al manejo de estas herramientas, ¿qué hace el PSOE sino ir a rebufo de los morados?

Un partido político es una maquinaria con un único fin, ganar elecciones, o sea, poner de acuerdo a millones de personas para que todas cojan la misma papeleta. El fracaso del PSOE desde esta perspectiva es inapelable, porque uno no sabe qué está votando cuando vota por el PSOE, la duda es un reflejo de la dolencia freudiana del partido de la rosa y el puño, que ya no sabe lo que es; en su paso por el diván se juega la personalidad y la interpretación del mundo, porque uno es lo que es en base a la lectura que hace de lo que le rodea.

Es otra cosa

El año ha empezado con la política languideciendo en los conflictos internos de Podemos. Si Pedro Sánchez escenificó la traición y la falta de liderazgo, Pablo Iglesias va camino de deshacerse asediado por las dos grandes fuerzas del partido de los círculos: Errejón y Urbán. Que Podemos sea un partido hecho de una amalgama donde tanto caben los clásicos verdes como los clásicos anticapitalistas impone un hándicap que consiste en saber qué pegamento utilizar para que todo quede bien pegadito y no se desmonte al menor soplido del lobo. Además, amigos, el lobo puede estar dentro de casa y no fuera como se empeñan algunos en apuntar.

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La política languidece porque todo parece ordenarse felizmente: por fin tenemos un año sin elecciones desde el 2013. Nos ha gustado perfumarnos de distinguidos comentando en la oficina los movimientos políticos y ahora todo ese ajetreo se va desinflando y nos va poniendo en nuestro sitio. Ya solo cabe hablar de quién saldrá fortalecido en Vistalegre II, si no hay sorpresas todo apunta a una coreografía perfectamente sincronizada, quizá un abrazo a tres entre Errejón, Urbán e Iglesias para que los votantes de Podemos puedan pensar que todo está en orden, la izquierda avanza, etcétera, etcétera, etcétera.

Con la derecha fortaleciendo su posición en las encuestas cabe preguntarse si no será el partidismo el que está en crisis, quiero decir que, cada vez más, el votante se identifica con un estado de ánimo y no con un ideario político, e independientemente de los escándalos que pueda generar el partido que gobierna, lo que percibe la mayoría de la gente es un estado de las cosas, osea, que baje el paro, que aumente el número de afiliados a la seguridad social, que salga el Sol cada día y que la contaminación no nos ahogue. No el fin de las ideologías, si no más bien, el principio de las ideologías secretas o las ideologías de bar: que el ideario no pase de una conversación acalorada e insustancial en la hora del vermú. La ideología como moral, y como moral, sometida a las leyes de la hipocresía, el cinismo, la divagación.andres-velencoso-nude

Durante la segunda mitad del siglo XX se esmeraron algunos pensadores por superar la etiqueta marxista en la crítica social (por ejemplo Foucault) porque los regímenes comunistas le quitaban la razón a cualquier pensador que tratara de justificar una alternativa al capitalismo. Hoy sabemos que el capitalismo ha ganado, la cuestión ya no puede ser buscar un modelo de sociedad alternativo porque todo intento de forzar el sistema termina siendo catastrófico. El sistema no tiene responsables y por lo tanto no puede ser juzgado ni modificado ni destruido, el sistema no es una creación consciente, no responde a ningún plan, no hay buenos y malos, no hay traidores, no hay plebeyos. Hablo del sistema como organismo cuasi vivo, que respira y se ordena. No es el sistema de representación, no es la dictadura del proletariado, no es la monarquía parlamentaria, no es la República. Es otra cosa.

Un minuto de silencio

En su afán por deslegitimar la normalidad e impugnar la hegemonía cultural, Unidos Podemos se ausentó ayer del Parlamento cuando Ana Pastor pidió un minuto de silencio por la muerte de Rita Barberá. La ausencia fue poco elegante, la elegancia es lo último que uno debe perder, no en vano, en los tanatorios acicalan a los muertos para presentarlos a las visitas. Al gesto de Pablo Iglesias, Iñigo Errejón y Alberto Garzón le siguieron una lluvia de críticas furibundas: a la falta de elegancia se contesta con un traje de Armani, no con unos vaqueros rotos. La pena es que nadie describa los hechos: la decisión de guardar un minuto de silencio fue tomada por Ana Pastor sabiendo que tenía en contra al grupo de Iglesias y después de que la Mesa no lograra un acuerdo entre todas las fuerzas políticas. Ya dijo Onetti que no había forma más repugnante de mentir que decir solamente la verdad, ocultando el alma de los hechos.

En este país no sabemos relacionarnos con la muerte: escondemos los cementerios o sacamos imágenes ensangrentadas a pasear por la calle. La sangre es un motivo ornamental, si no hay sangre no hay belleza. La carencia de “humanidad” que tanto reprochan a la formación morada por negar ese minuto de silencio es una exageración muy carpetovetónica. Yo creo que al explicar la ausencia Pablo Iglesias comete un error, no tenía que haber explicado nada, los hechos hablan por si solos, un desplante puede quedar en mera anécdota si no hay explicación posterior.

Con muchos diputados twitteando las impresiones del gesto de Unidos Podemos, pensé que se les iba a ir de las manos e iban a terminar twitteando si estaban a favor o en contra de la muerte, una cuestión muy española y con la que tenemos experiencia; después del viva la muerte, muera la inteligencia, lo de ayer parece un capítulo más de aquella reyerta.

La pobre Rita, desterrada de su partido, juzgada por un crimen que no sabremos nunca si cometió, ha alcanzado muerta la canonización y el amparo que debió disfrutar viva, algo muy español también: reconocer en la muerte y no en la vida. En la indignación de algunos diputados está cifrado el leitmotiv de su moral: la hipocresía, una palabra que viene del griego hypócrisis que significa “representar un papel teatral”; un hipócrita es un actor, un fingidor. Quizá esa impostura, ese chovinismo repentino de los populares se deba precisamente a que no tienen la conciencia tranquila, a que creen que no hicieron lo suficiente por ayudar a la exalcaldesa caída en desgracia.

La unanimidad de la condena de la huída de los morados es tan monumental que hasta en su propio partido algunos decidieron quedarse en el escaño y respetar el minuto de silencio. El respeto, esa bandera que se agita para no confrontar ideas, es el argumento que todos esgrimen cuando tienen en frente algo distinto, pero toda protesta es una falta de respeto, la cuestión es hasta dónde se deja escandalizar el agraviado.

Círculos

A toda revolución política le sigue una reacción de signo contrario que cumple un viaje circular, eterno y borgiano, para desatar el escepticismo: la restauración monárquica después de Napoleón; el capitalismo furibundo después de Gorbachov; Trump después Obama, etcétera. Hay un derrotismo esperando paciente a la vuelta de todas las primaveras árabes. Así que el mundo va girando y a la globalización le sigue un retraimiento hacia lo local, osea, una vuelta al nacionalismo rampante que recela del otro, del distinto, del que viene de fuera (siempre se mira al que viene de fuera, nunca mira uno desde fuera al que está dentro), para gozar del caparazón del yo y buscar un nosotros que asegure cierta compañía, cierta seguridad. España sabe mucho de búsqueda oportunista de identidades, también de actitudes reaccionarias.

El sentimiento de pertenencia (tan necesario para algunos) lleva siglo y medio tratando de encontrar su nombre en la Península ibérica. No hay acuerdo para construir un relato en el que todos se sientan cómodos, y el nacionalismo regionalista espera cualquier coartada para saltar a la yugular del centralismo. Jugueteando con la historia (a veces directamente falseándola), los nacionalistas buscan la salvación mediante el mantra de la independencia, como si todos los males se fueran a terminar con el hijo yéndose de casa. Es curioso ver cómo la apuesta por la emancipación de España ha puesto de acuerdo a dos partidos antagónicos como la CUP y Convergència i unió. Cualquier revolución puede esperar cuando la tarea principal del adolescente consiste en matar al padre. No descarto ver, en favor de la independencia, alianzas de extremeños y catalanes, un partido incluso transnacional que abarque todas las autonomías excepto Madrid. Quizá se trata finalmente de eso, de aislar Madrid.

Pablo Echenique ha propuesto estos días la construcción de un “país de países” poniendo como ejemplo su Aragón. Federico Jiménez Losantos le dedicó una diatriba la otra mañana en la que presumía de conocimientos históricos desplegando una mezcla de erudición y ficción muy propia del que habla sabiendo que nadie va a comprobar si lo que dice es cierto. La perorata del turolense fue terrible, entre otras razones porque Echenique en ningún momento habló de razones históricas. Federico, no te enteras, pero no importa, quedó muy bien la clase de historia del viejo profesor enfadado con todo y con todos. Aprendimos que España ya existía como unidad nacional desde que la conquistaron los romanos o raíz de ello, que no me quedó muy claro. Antes del imperio romano, la nada, según Federico. Se afana tanto en el insulto el vehemente locutor que los oyentes acabamos odiando por inercia. Entre la historia de España y la historia de USA del otro día, Federico va llenando su radio de pasado para que parezca una cosa atemporal, aideológica, amoral, acrítica, a-certada.

Pero me interesa la propuesta de Pablo Echenique desde el punto de vista ideológico: ¿Qué quiere decir país de países y qué hay, en esa propuesta de articulación nacional, que apunte a la justicia social? ¿Es la independencia una herramienta para luchar contra la desigualdad? Entiendo que la independencia persigue la administración de los bienes de forma distinta a la propuesta por el Estado central, es decir que, el reparto no está siendo justo. Entiendo que la independencia es la llave que hará que la recaudación sea óptima, la administración de lo recaudado excelente y los servicios sociales ofertados maravillosos. Parece felizmente que la Arcadia es la independencia.

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La ideología termina por olvidar su semilla cuando el campesino tiene que arar la tierra. Entonces ya no importa tanto ayudar al compañero de partido como pedir consejo a la mula, como cuenta Juan Eslava Galán. Con la asfixia del día a día uno se olvida de que hay que luchar por la justicia social, que es curiosamente lo que falla cuando uno tiene que preocuparse por sobrevivir. Todo responde finalmente a la geometría circular, la linealidad es un defecto ocular, no existe la línea del horizonte, la construye nuestro cerebro y en la historia la distorsión la provocan los prejuicios ideológicos. Que la historia es un relato circular que se repite espantosamente es una verdad incontestable, la lucha de clases es una interpretación, una hermenéutica del mundo, pero no deja de ser una conjetura sujeta a discusión, no una verdad sino más bien una especulación.

Donald Trump

Donald Trump ha ganado las elecciones en los Estados Unidos de América. Estamos asistiendo a un nuevo estado de ánimo en el ámbito político, primero fue el Brexit y ahora es Donald Trump; en ambos casos las encuestas se equivocaron y en ambos casos el aire que queda después de la fiesta es un aire de culpabilidad entre los vencedores, como si uno en realidad no quisiera haber hecho lo que ha hecho. Mañana empezarán a llegarnos breves notas de prensa de republicanos arrepentidos que en realidad no querían votar a Trump pero oiga, mire, es que me hice un pequeño lío con las papeletas o es que no terminé de creerme el discurso del neoyorkino.

El líder político, en los sistemas representativos, es expresión de la sociedad, quiero decir que (en contra de lo que muchos creen) ningún representante aparece en la escena política para beneficiarse personalmente. Si un dirigente llega a las alturas de unas elecciones generales es porque el electorado ha demandado esa opción. La cuestión no es si Donald Trump está ahí para hacer una cosa o la contraria, la cuestión es qué demanda, qué expresión, qué inquietudes motivaron el discurso y su proclamación. El político no nace espontáneamente, responde a una necesidad o a una resistencia o a una reacción. Todos queremos oír aquella verdad en la que creemos; muy pocos se atreven a dejarse sorprender.

¿Es Donald Trump un loco por decir aquello que 50 millones de personas quieren oír? ¿Están locas 50 millones de personas? ¿Es la democracia un sistema que garantice la cordura? En la política juega el psicoanálisis un papel más poderoso que la economía. Si Trump ha ganado ha sido porque un músculo de cincuenta millones de votantes le ha empujado como empuja el estadio para que gane el equipo local.

Desde un punto de vista geopolítico cualquier cosa puede pasar. Obama apostó en Siria por una intervención que jugueteaba con la resistencia y menospreciaba a Bashar al-Ásad, sin definir con claridad su postura frente al IS. Obama, tirando de nobel de la paz, ha tratado durante ocho años de justificar el premio, en esa intentona ha quedado su legado Internacional. Putin, mucho más beligerante y claro, ganará peso en la región, lo que busca el ruso es afianzar su participación en la mayor inversión de todos los tiempos, una descomunal red de infraestructuras ferroviarias, carreteras y comunicaciones que se planea construir para unir Asia al viejo continente. Europa va a quedar en una encrucijada porque, mientras se juega al despiste con el TTIP, la gran partida está en otra mesa. Donald Trump lo sabe, como lo sabía Hillary Clinton. Se trata de apostar por Rusia o por China. Trump apuesta por Rusia. Pero habrá dos problemas capitales para deshacer el nudo asiático: Irán y Corea del Norte. Quizá las tensiones ente USA e Irán puedan suavizarse con la mediación de los rusos, pero en Corea del Norte todo puede saltar por los aires. Recordad que todos los presidentes republicanos han hecho su guerra. Le doy tres años a Trump para desatar las furias. Asegurarse un protectorado en Asia es la mejor manera de participar en esa gigantesca inversión. No olvidemos que Donald Trump es, al fín y al cabo, un hombre de negocios.

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