Maneras de suicidarse

No sabemos si el Presidente del Gobierno compareció en el Parlamento el 1 de agosto o todo fue un sueño extraño, como fabricado en la mente de David Lynch y luego proyectado en cada uno de nosotros. Quizá despertemos con el cadáver de Laura Palmer mirándonos sin vernos y descubramos que el asesino somos nosotros y que no queremos recordar.

Así es como va operando el verano, con una dulce inconsciencia, con la indeterminación de las horas sesteando bajo un calor gélido, de esos que congelan la imagen de las calles de Madrid. Agosto es el mejor mes para disfrutar de la capital, Mariano Rajoy también comprende a la perfección que no hay mejor época del año para dar explicaciones sobre el cansino caso Bárcenas que el verano. Moriremos en verano y sudando, el español es abnegado y consecuente sobre todo con el horario de sus siestas.

Que no suceda nada después del bochorno que pasamos viendo desfilar sobres y amenazas, mensajes y paseíllos al juzgado y camino de la cárcel, será la soga definitiva que nos atemos al cuello para que alguien empuje la silla mirando a otro lado. Dicen que los ahorcados mueren porque se les rompe el cuello y no por asfixia.

El discurso de Rajoy es cristalino y tiene un fondo de armario muy común en este país: hacíamos algo que todo el mundo hace, ha venido a decir, más o menos, el presidente. Lo común es defraudar la hacienda pública para poder llevar a los niños al cole de moda o hacer la compra en el Sánchez Romero, que siempre es mejor porque la colocan pulcrísimas inmigrantes sobre estanterías de oro. Rajoy, con su rostro de animal de invierno, sostiene que se equivocó con Bárcenas; estos políticos que tratan de hacernos ver que son humanos y comenten equivocaciones me desconciertan: yo siempre había pensado que se trataban de semidioses, líderes naturales preparados para la catástrofe, héroes dramáticos.

El caso Bárcenas se ha convertido en una banda sonora a la que nos hemos acostumbrado demasiado pronto, ya no importa la magnitud del delito, lo que está en juego ahora es la dignidad del ciudadano. La prensa de la derecha ha desplazado el debate (estrategia habitual) y ya no se plantea que Mariano Rajoy haya cometido un delito (hecho a todas luces evidente), se plantea una eterna lucha de poder y desprestigio ente dos facciones: el partido popular y el partido socialista; los buenos, claro, son los populares, los malos los socialistas, los socialistas son tan malos que se acogen a las declaraciones de un delincuente: Luis Bárcenas. Este modelo infantil, marcadamente esquizofrénico, es el que defiende La Razón y el ABC.

Los ciudadanos deberíamos defender nuestra dignidad frente a la indignidad de ciertos medios de comunicación y de ciertos políticos. La lucha por la dignidad, una lucha silenciosa y a solas, entiendo yo que se está librando desde hace siglos y que a veces cede terreno y a veces avanza sigilosamente, el problema es que ahora, como en ningún otro momento de nuestra democracia, esa dignidad parece ausente, ya digo, como si nos hubiesen atado las manos y nos invitaran a colocar la cabeza dentro del ojal de la horca.

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