Cartulinas de colores

El Partido Popular ha visto cómo todas sus armas han terminado por reventárseles mientras las limpiaban. Esperanza Aguirre repartió demasiado odio en las cadenas de televisión como para pasar inadvertida, todos nos dimos cuenta y pensamos: a ella no. Aún así, sigue siendo llamativo que consiguiera más de quinientos mil votos, casi los mismos que Manuela Carmena, lo cual viene a demostrar que tener la razón es una cuestión de estadística. Aguirre ganó en los barrios acomodados y Carmena en los barrios humildes; aquellos que no creen en las ideologías o cuya única ideología es la declaración de la Renta deberían replantear su estatus. También se le mojaron las armas al PP con Maria Dolores de Cospedal, recuerdo que allá por el 2.011, cuando lo del 15M, dijo la secretaria general: deberían participar del juego de la representación. Aquellas palabras han funcionado como conjuro, hoy, gracias al fenómeno de Podemos, el PP ha perdido la mayoría absoluta en muchas autonomías y el mapa político se ha coloreado pintándole a Rajoy un rictus que no sabemos si es de sorpresa o de medida indiferencia, nuestro Presi es insondable, pero bien podría regalarnos una de sus frases geniales, por ejemplo: Las elecciones son buenas para los que las ganan y para los que no.

Parece que estos comicios han funcionado bajo una única consigna: quitarle el poder al Partido Popular, lo cual, de entrada, resulta estimulante; los españoles nos movemos mejor a la contra, si tenemos que seguir una estrategia nos aburrimos o terminamos por preguntarle al de al lado: oye, y ahora, ¿qué hay que hacer? Somos buenos improvisando pero ojo: decía el genial Thelonious Monk que no había nada más ensayado que la improvisación. Mientras los grandes partidos han planificado la campaña según mandan los cánones, Ahora Madrid ha utilizado en muchos barrios cartulinas de colores, ciudadanía voluntariosa e imaginación, contra esto no hay Ibex35 que aguante.

Manuela Carmena utilizó en su pequeño discurso, la noche electoral, la palabra seducción para conciliar ese otro medio millón de votos. Creo que en treinta años de democracia ningún ganador ha utilizado esa palabra para dirigirse a los que no le votaron. Seducir y no convencer. Convencer a alguien es llevarle finalmente de las orejas sin tirarle demasiado; seducir es lograr que sea él el que te lleve a ti.

La forma de hacer política ha cambiado, el presupuesto de Ahora Madrid enfrentado al presupuesto de cualquiera de los dos grandes partidos indica algo: que el dinero ya no es tan importante. Ganar unas elecciones hoy no es una cuestión monetaria, llevan muchos años tratando de convencernos de la importancia de las páginas de economía de los periódicos, ya hemos aprendido qué es la prima de riesgo y el déficit presupuestario, y resulta que aparece una vieja de setenta y dos años para explicarnos que algunas familias usaron cartulinas para su campaña electoral. Parece que algo ha cambiado, parece que los números están dejando paso a la emoción.

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¿Por qué dice que los etarras han sufrido mucho?

Lo primero que tiene que hacer un político con aspiraciones es fijar al adversario. Una vez que el adversario queda fijado el discurso se mueve solo, los puñetazos en el saco del adversario son siempre pertinentes porque la política es un refinado ejercicio de odio, una sublimación de la violencia mediante la retórica. Sin adversario el político es un zombi con los brazos estirados pidiendo que alguien le consuele, ven aquí pequeño Frankenstein. UPyD e IU han cometido el error de no tener nunca definido con claridad meridiana su adversario. En ambas formaciones el enemigo a batir siempre ha sido una idea, una abstracción, un sistema, algo melancólico y lejano, inalcanzable y romántico como la primera novia.

Esperanza Aguirre y Manuela Carmena se batieron en duelo televisivo como en el O.K. Corral; Aguirre es intrépida y a veces roza la temeridad, Carmena es bisoña y pausada. Digámoslo aquí, en pelearocorrer, porque nadie más se atreverá: son dos viejas con un coraje desmesurado, dos abuelas con los cojones muy buen puestos. Pero representan dos modelos muy distintos; el de Aguirre agotado hace milenios, el de Carmena aún por demostrar; el de Aguirre vago y populoso, el de Carmena setenta folios y mucho socialismo; el de Aguirre envitrinado por los éxitos de antaño, el de Carmena aupado por una mezcla de hartazgo y aburrimiento. Mientras Aguirre ocupaba un puesto en el Cuerpo de Técnicos de Información y Turismo (ganado por oposición), Carmena fundó el despacho de abogados de Atocha que en el año 1977 sufrió la famosa matanza. El pasado jugará un papel crucial en ambas para el resultado electoral del 24M.

Tres eran los bloques que estructuró la cadena televisiva para conducir el debate, a saber: Modelo de ciudad, regenerar la democracia, economía y servicios públicos. Para los tres Esperanza Aguirre esgrimió una única respuesta, que en realidad fue una pregunta que dirigió, como un misil, a Carmena: ¿Por qué dice que los etarras han sufrido mucho?  He aquí la propuesta de Esperanza Aguirre para dirigir el ayuntamiento de Madrid, vamos a repetirla: ¿Por qué dice que los etarras han sufrido mucho? Eso es lo que debería haber escrito el Partido Popular en sus carteles electorales: ¿Por qué dice que los etarras han sufrido mucho?

Lo que hizo Aguirre en el debate de Telemadrid fue construir un enemigo: ETA. Una vez que se ha construido al enemigo basta con posicionar a tu contrario a favor o en contra. Lo que insinúa Esperanza Aguirre es que Manuela Carmena está al lado de ETA, es por lo tanto cercana a la posición enemiga. ETA ha pasado de ser una lacra a convertirse en el tema tabú por excelencia de la derecha, basta con nombrarlo para generar un silencio molesto. Si el tabú es ETA, el Tótem es el Partido Popular, aquel símbolo junto al que se aglutinan todas las esperanzas, la unión del grupo, que diría Freud.

El Partido Popular lleva muchos años utilizando esa estrategia para conseguir el voto. Simplificar un problema gigantesco para hacerlo accesible a todos, de tal manera que cualquier acercamiento al problema vasco pase por el tamiz de la víctima. De esta forma no hay lugar para la reflexión, solo una postura: o estás con las víctimas o estás mancillando la memoria de los asesinados. La acusación de Aguirre, hay que explicarlo, está relacionada con el cargo que Manuela Carmena ostentó en el 2.011 (asesora sobre atención a las víctimas de abusos policiales), la pregunta envenenada de Aguirre no tiene una respuesta unívoca y sencilla, y aunque la tuviera no es en un debate electoral donde debe de formularse. Claro que visto el programa de Aguirre (una cuartilla con 10 propuestas) se entiende el lodo que trata de remover la baronesa.

Aquí nos tiene señor Rajoy

La campaña electoral nos está dejando imágenes surrealistas; ver a los políticos lanzarse a las calles como elefantes de cristal que fueran a partirse en mil pedazos es el leitmotiv de cualquier acercamiento de un político a la gente: parece que en cualquier momento se van a poner a llorar ateridos por un ataque de pánico. Excepto Esperanza Aguirre la mayoría de los políticos de este país se mezclan con miedo en la muchedumbre, recuerdo ahora aquella frase soberbia de Fraga: La calle es mía; lo cual venía a demostrar que un líder no puede nunca autoerigirse, son los otros los que le dan el poder, la gloria, el respeto y la medida de su grandeza. Esperanza Aguirre se mueve con desgaire entre mercados de barrio, gente de barrio, empresarios y futbolistas porque parece decirles a todos: yo soy la calle. Luego, en la soledad de los platós de televisión, Esperanza Aguirre mira a la cámara sin mirarla y al entrevistador le agasaja sin llegar nunca a agasajarle. Nadie sabe interpretar tan bien el papel como la sobrina de Gil de Biedma.

La calle nunca fue de los políticos, y verles ahora pisar las plazas, los municipios, los parques, el aparataje público, nos da la medida de su angustiosa impostura, un fingimiento que resulta grotesco. Hacer campaña viene siendo una cosmética palaciega que consiste en hacer creer al populacho que los políticos son tíos normales, que montan en bici y leen el Marca. Rajoy dijo el otro día una frase en la que llevo días pensando: El deporte es bueno para quien lo hace y para quien no. Creo que lo de Mariano Rajoy Brey se acerca cada día más a la política zen. Decir cosas que aparentemente no tienen sentido para que los demás pensemos que somos tontos por no entenderlas. Piénsalo por un instante: El deporte es bueno para quien lo hace y para quien no. Un minimalismo Zen, una forma de pensar orientaloide y sofisticada de tan sencilla.

El escenario que pintara Podemos hace tan solo año y medio, se ha materializado en los dos grandes popes políticos de este país: Aznar y González (se me ocurre ahora que Aznar y González podría ser un buen título para una obra de teatro), ambos líderes espirituales andan despotricando y desconfiando de los nuevos políticos. Felipe González advierte de la amenaza de italianización que recorre España, Aznar pide la vuelta del votante del PP, se unen los dos para denunciar los atropellos venezolanos.

Lo estamos viendo en Andalucía. Mientras que Susana Díaz usa como argumento el ridículo (esto roza el ridículo, dijo la Presidenta del PSOE andaluz), los que acaban de llegar a la política usan argumentos, ideas, firme usted aquí, cosas por hacer. Entiendo la postura de los viejos políticos (una vejez que no la determina la biología en el caso de Susana Díaz, una vejez moral), cualquiera se pone nervioso cuando ve que la tierra sobre la que se asentaba tan firmemente, con tanta seguridad, empieza a temblar; y ya me relamo cuando pienso en la primera frase que pronunciará Pablo Iglesias cuando llegue en calidad de opositor al hemiciclo: aquí nos tiene señor Rajoy.