Moción de censura, Irene Montero y Rafael Hernando

No tuvo piedad Irene Montero y desde el inicio de su intervención manejó su discurso como un bombardeo implacable. El Infierno de su primera hora de intervención parecía interminable y tuvo un momento fantástico cuando enumeró uno a uno los casos de corrupción que tiene abiertos el partido popular en la audiencia nacional. Tardó minuto y medio en leerlos todos. La exhortación que más veces pronunció Irene Montero fue “qué vergüenza”. Mariano Rajoy miraba con el ceño fruncido y los labios apretados, como si no terminara de entender la indignación de la portavoz de Podemos. Hubo frases memorables, por ejemplo esta: “La clave era que desde lo privado se robaba mejor”. Creo que me gusta más el enfado de Irene Montero que el enfado de Pablo Iglesias. Una mujer enfadada siempre da miedo, algunos hombres enfadados solo dan lástima.

Rajoy empezó su intervención con cinismo y sorna, su registro habitual. Se fue agigantando mientras su bancada le aplaudía cada vez con más entusiasmo; yo creo que estuvo a punto de hacer un striptease en la tribuna espoleado por sus camaradas de partido que si siguen así van a pasar de la corbata y van a empezar a llevar camisetas heavies al Parlamento, especialmente las floridas portadas de la dama de hierro, un nombre con el que siempre están de acuerdo los populares. Rajoy citó a Montesquieu, Torquemada, Quevedo, Jonathan Swift, creo que nunca oí citar tanto a Rajoy en un debate. Le dijo algo a Iglesias que me gustó especialmente: “para perder cualquier candidato vale, incluso usted, señor Iglesias Turrión”. También arrancó algunas risas del público demostrando que lo suyo es un asunto muy serio.

Defendió la moción Pablo Iglesias Turrión al que empiezan a colocarle ya el segundo apellido para que se sepa de quién estamos hablando. Dos horas y pico. Ese es el tiempo que tardó Iglesias Turrión en explicar sus ideas. Hubo duelo entre Iglesias y Rajoy, quizá lo mejor de estos dos días, porque hubo pasión y respeto, suciedad y goce, como en el sexo. Se reprocharon simbologías imaginarias y verdades presidiarias, pero una cosa quedó medio clara: ahora mismo el líder de la oposición es Pablo Iglesias, quizá era ese el mensaje que quería lanzar a la opinión pública con su moción de censura.

El segundo día tuve un deja vu: Rivera e Iglesias me recordaron peligrosamente a González y Suárez. Ha tenido una oportunidad de oro Albert Rivera para apuntalar sus logros y derribar las aspiraciones de Podemos pero le faltó pegada frente al colmillo retorcido de Iglesias, que sabe cómo meter el dedo en las heridas de Ciudadanos; tal es así que en las propuestas de Iglesias apareció por error el secreto bancario y el líder de Podemos no se inmutó. Esa indiferencia en los propios errores es lo que le falta a Rivera para terminar de postularse como posible Presidente.

Los mismos políticos que les pedían a los indignados que se presentaran a las elecciones se quejan ahora desde el atril del Parlamento por la extensión de sus discursos. Son demasiado aburridos, dicen. Estoy hablando, claro, de Rafael Hernando, la gran estrella de la moción de censura. Tuvo el político popular dos momentos memorables que no recoge hoy ningún periódico. Uno: le dijo Hernando a Iglesias que las interrupciones entraban dentro de la normalidad en la cámara. Dos: Le afeó que no hubiera nombrado a Ignacio Etxebarría. Retrató muy bien Hernando la política de este país de los últimos 40 años y resulta curioso que se le acuse a Podemos de montar “circos” teniendo los populares al domador Hernando. Algunos políticos del Partido Popular se comportan como lo que son: niños mimados que desde que nacieron lo tuvieron todo hecho, niños a los que les mandaron implacablemente y se extrañan ahora de que alguien distinto de ellos quiera mandar. Rafael Hernando repitió varias veces lo aburrido que había sido el discurso de Iglesias. Si ven rastas hablan de lavarse el pelo y si escuchan un discurso de dos horas dicen que es aburrido. Esta es la seriedad del PP.

Moción de censura

Como ya explicara el viejo filósofo Gustavo Bueno, la política es una suerte de religión donde operan una serie de creencias más o menos vagas, unos principios más o menos meditados y una postura tan sólida como irracional. Este principio que destruye todo partidismo y nos aleja a los ciudadanos de la política real lo va ilustrando Podemos cada vez con más claridad. No se trata de construir una moción de censura, se trata de representarla. A nadie le han explicado qué es una moción de censura y cómo se debe hacer, sin embargo es salir Pablo Iglesias en la tele rodeado de sus secuaces y todo el mundo repite en los bares las palabras como si fuesen el nuevo conjuro que embrujará a las hordas populares: moción de censura.

Todo lo que hace Pablo Iglesias parece estar destinado al espectáculo y por lo tanto gusta mucho a un público ávido de espectáculo; donde antes sólo había aburrimiento ahora tenemos ruedas de prensa con la melena bien ordenadita. Ese es el gran logro de Podemos: hacer política pop. La política pop en un tiempo en el que la clase media ha retrocedido abruptamente solo pude tener música soviética… o nacional socialista.

La sospecha de que la moción de censura sea en realidad un intento de acaparar portadas ―cuando el PSOE está a punto de elegir en primarias a su secretario general― se va convirtiendo en clamor al convocar Iglesias una manifestación dos días antes de la cita socialista. Pareciera que la verdadera obsesión de Iglesias no es desbancar al PP sino Pedro Sánchez. El meollo del asunto es complejo porque ¿quién engañó a quién? ¿Quién traicionó a quién? Fue Podemos el primero en hablar de Gobierno alternativo entre PSOE, nacionalistas y Podemos aunque ahora se culpe tanto a Iglesias de la abstención que provocó el fracaso en la investidura de Sánchez. Fue Sánchez el que negoció a espaldas de Podemos un Gobierno con Ciudadanos y fue Sánchez el que orquestó contra Podemos una demonización propia de otros tiempos. Entonces, ¿por qué ahora esta transformación del ex líder socialista? ¿Consentiría Pablo Iglesias ahora un Gobierno a 3 entre Ciudadanos, PSOE y Podemos? ¿Lo consentiría Rivera que repitió varias veces haber llegado a la política para impedir que Podemos llegase al poder? La mancha de la corrupción se va extendiendo y va disolviendo las diferencias ideológicas, ya solo importa sacar de la Moncloa a Rajoy.

Las mayorías se construyen sobre ideas mágicas, prejuicios e inercias populares. La distancia que media entre el voto y el mecanismo que hace de ese voto un escaño en el parlamento es gigantesca, de la misma forma el anuncio en rueda de prensa de la moción de censura y su ejecución son dos realidades muy distintas. La política consiste en hacer ver al votante que tal distancia no existe y en esta lógica se mueven con finura Iglesias y Rajoy; ambos saben hablar a su masa electoral con precisión, ambos saben cómo modular el lenguaje para que llegue donde debe y ambos manejan el tiempo como si pudieran modelarlo a su antojo.

Últimos acontecimientos

Se entretienen sus señorías preguntándose en verso en las sesiones de control del Congreso de los diputados. Así, Íñigo Méndez de Vigo (pariente de la mítica Carmen Díez de Rivera, de la que pocos se acuerdan ya) sonríe frete al atrevimiento de Jose Andrés Torres Mora. Los juegos florales parecía que eran coto privado de la cinegética populista. El soneto, hay que decirlo, no es malo, pero tiene ese sonido viejo que algunos atribuyen a los clásicos, y pedirle al diputado por Málaga que además escriba buenos sonetos me parece tan desvergonzado como pedirle a Rajoy que ejerza de Presidente del Gobierno, en ambos casos la pereza concomita con la incapacidad.

Podemos se enfanga nuevamente cuando se niega a sumarse a la preocupación del Congreso por los acontecimientos venezolanos. La ideología le pasa constantes facturas a los morados que no pagan, algún día les van a embargar la cuenta y ya no habrá más cash para afrontar el día a día, ¿qué pasará entonces? Desde un punto de vista ideológico Podemos juega a la izquierda dogmática, pero cuando lleguen al poder verán que el único dogma es el dinero y que solo traicionando sus principios podrán gobernar sin contradicciones (cosa esta última un tanto comprometedora). Ya lo vimos con Izquierda Unida y lo estamos viendo con los mal llamados “ayuntamientos del cambio”. Nada cambia excepto la propaganda.

En el PSOE le han hecho una puesta de largo a Susana Díaz que parece las que protagonizaba María Sonsoles de Icaza con sus hijas vestidas de Balenciaga. El traje que le ha hecho la inteligencia socialista con Felipe González a la cabeza se le va a romper por las costuras. Si Susana gana el PSOE tiene asegurada navegación de cabotaje hasta unas nuevas elecciones, o sea, una temporada sin sustos. De eso se trata; la izquierda oficial de este país se contenta con asumir cierta idea de estabilidad, un equilibrio de dos fuerzas que ya no existe. Susana Díaz, desde su discurso engañosamente conciliador trata de convocar esa época en la que dos partidos se disputaban el poder. Pero no es eso Susana, lo del otro día es para unas primarias, no para unas generales. Alguien se equivocó al escribirle el guion a la lideresa andaluza.

Con Cataluña pivotando entre la desobediencia y el favor de Downing Street, ahora resulta que los ingleses querían salirse del club para reconquistar Gibraltar y de paso Barcelona. Los catalanes han entrado en un estado de paranoia en el que solo hablan de independencia, como algunos locos que repiten una y otra vez unas palabras misteriosas. El plantel de la Generalitat va restando los días que faltan para la declaración de independencia, mientras Rajoy les observa como un farsante que se hubiera hecho pasar por presidente del Gobierno.

Se ha publicado un estudio historiográfico que demuestra que las elecciones del 36 no fueron limpias. El discurso de la legitimidad democrática del frente popular ha estallado por los aires, pero poco eco ha tenido este hallazgo, lo cual demuestra cuán difícil es desarticular un relato que la sociedad asume como cierto, aunque cuente hechos tan improbables como la existencia del Ratoncito Pérez o los Reyes Magos.

Y por supuesto mucho fútbol.

Este país es extraño y apasionante.

 

La trama

Las encuestas son como el deseo: hay que atreverse para que se cumplan. De atreverse todos aquellos que afirman su deseo de votar a Podemos la formación morada quedaría en segundo lugar en unas hipotéticas elecciones; hay que ir pensando ya en pasar por las urnas. Si el cabreo de Albert Rivera con los populares de Murcia se concreta en ruptura definitiva y las primarias del PSOE dan en la esquizofrenia de Pedro Sánchez habrá elecciones y el Partido Popular así, a base de repetir, ganará algún escaño más. Yo creo que la estrategia de Rajoy es clara: llegar a la mayoría absoluta pasando por infinitas repeticiones: luego dicen que su talante no es democrático.

El problema se presentará cuando Pedro Sánchez o Susana Díaz deban plegarse a las exigencias de Podemos, porque todo pinta hacia Podemos como partido hegemónico en la izquierda. Si las encuestas se cumplen los socialistas habrán pasado en apenas dos años de imponer condiciones a sufrirlas. Bien pensado, Pedro Sánchez es el líder idóneo para esta situación esquizofrénica. La suma de Podemos más PSOE más nacionalistas puede dar más de la mitad del hemiciclo. Esta aritmética me suena, creo que la he oído hace poco…

Mientras, en Podemos, cambian de estribillo. La nueva letra es más críptica, más elitista, más misteriosa: la trama. Siguen siendo unos maestros en el márquetin político y yo les quiero para que le den una mano de pintura a este blog, no me vaya a estar equivocando yo con las fotos de torsos apolíneos. La casta era un término intenso, que valía igual para meterte con tu jefe o con aquel amigo que nunca se paga unas copas; la casta remite a la pobreza rampante de la India y al orden fascista del hinduismo, donde nadie puede ser distinto de aquello para lo que nació. La casta es la cuna, pero he aquí que el nuevo término “trama” hace referencia a un complicado engranaje; la trama es algo que hay que desenredar, algo que está ahí para ser comprendido, explicado, descifrado. Toda trama se desvela mediante la pericia de alguien que la explica. Así que Podemos nos trata de explicar cada día en qué consiste la trama. Corren el riesgo de que acabemos odiándoles como se odia al amigo que desvela el final de la película o el resultado del partido que no vimos en directo.

La trama, el argumento, el conflicto, la tela de araña, aquello que va enredando a los personajes para que acabemos viendo si son héroes o villanos. Ya no estamos ante un personaje (la casta) ahora estamos inmersos en el argumento (la trama). Cada vez que estos chicos se inventan una palabra que ya existe ponen a la prensa mundial a hacer cábalas con su significado, como si escribieran un jeroglífico en el frontispicio del Congreso de los Diputados. No sé cómo serán mandando, pero desde luego como publicistas no tienen precio.

Es otra cosa

El año ha empezado con la política languideciendo en los conflictos internos de Podemos. Si Pedro Sánchez escenificó la traición y la falta de liderazgo, Pablo Iglesias va camino de deshacerse asediado por las dos grandes fuerzas del partido de los círculos: Errejón y Urbán. Que Podemos sea un partido hecho de una amalgama donde tanto caben los clásicos verdes como los clásicos anticapitalistas impone un hándicap que consiste en saber qué pegamento utilizar para que todo quede bien pegadito y no se desmonte al menor soplido del lobo. Además, amigos, el lobo puede estar dentro de casa y no fuera como se empeñan algunos en apuntar.

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La política languidece porque todo parece ordenarse felizmente: por fin tenemos un año sin elecciones desde el 2013. Nos ha gustado perfumarnos de distinguidos comentando en la oficina los movimientos políticos y ahora todo ese ajetreo se va desinflando y nos va poniendo en nuestro sitio. Ya solo cabe hablar de quién saldrá fortalecido en Vistalegre II, si no hay sorpresas todo apunta a una coreografía perfectamente sincronizada, quizá un abrazo a tres entre Errejón, Urbán e Iglesias para que los votantes de Podemos puedan pensar que todo está en orden, la izquierda avanza, etcétera, etcétera, etcétera.

Con la derecha fortaleciendo su posición en las encuestas cabe preguntarse si no será el partidismo el que está en crisis, quiero decir que, cada vez más, el votante se identifica con un estado de ánimo y no con un ideario político, e independientemente de los escándalos que pueda generar el partido que gobierna, lo que percibe la mayoría de la gente es un estado de las cosas, osea, que baje el paro, que aumente el número de afiliados a la seguridad social, que salga el Sol cada día y que la contaminación no nos ahogue. No el fin de las ideologías, si no más bien, el principio de las ideologías secretas o las ideologías de bar: que el ideario no pase de una conversación acalorada e insustancial en la hora del vermú. La ideología como moral, y como moral, sometida a las leyes de la hipocresía, el cinismo, la divagación.andres-velencoso-nude

Durante la segunda mitad del siglo XX se esmeraron algunos pensadores por superar la etiqueta marxista en la crítica social (por ejemplo Foucault) porque los regímenes comunistas le quitaban la razón a cualquier pensador que tratara de justificar una alternativa al capitalismo. Hoy sabemos que el capitalismo ha ganado, la cuestión ya no puede ser buscar un modelo de sociedad alternativo porque todo intento de forzar el sistema termina siendo catastrófico. El sistema no tiene responsables y por lo tanto no puede ser juzgado ni modificado ni destruido, el sistema no es una creación consciente, no responde a ningún plan, no hay buenos y malos, no hay traidores, no hay plebeyos. Hablo del sistema como organismo cuasi vivo, que respira y se ordena. No es el sistema de representación, no es la dictadura del proletariado, no es la monarquía parlamentaria, no es la República. Es otra cosa.

Círculos

A toda revolución política le sigue una reacción de signo contrario que cumple un viaje circular, eterno y borgiano, para desatar el escepticismo: la restauración monárquica después de Napoleón; el capitalismo furibundo después de Gorbachov; Trump después Obama, etcétera. Hay un derrotismo esperando paciente a la vuelta de todas las primaveras árabes. Así que el mundo va girando y a la globalización le sigue un retraimiento hacia lo local, osea, una vuelta al nacionalismo rampante que recela del otro, del distinto, del que viene de fuera (siempre se mira al que viene de fuera, nunca mira uno desde fuera al que está dentro), para gozar del caparazón del yo y buscar un nosotros que asegure cierta compañía, cierta seguridad. España sabe mucho de búsqueda oportunista de identidades, también de actitudes reaccionarias.

El sentimiento de pertenencia (tan necesario para algunos) lleva siglo y medio tratando de encontrar su nombre en la Península ibérica. No hay acuerdo para construir un relato en el que todos se sientan cómodos, y el nacionalismo regionalista espera cualquier coartada para saltar a la yugular del centralismo. Jugueteando con la historia (a veces directamente falseándola), los nacionalistas buscan la salvación mediante el mantra de la independencia, como si todos los males se fueran a terminar con el hijo yéndose de casa. Es curioso ver cómo la apuesta por la emancipación de España ha puesto de acuerdo a dos partidos antagónicos como la CUP y Convergència i unió. Cualquier revolución puede esperar cuando la tarea principal del adolescente consiste en matar al padre. No descarto ver, en favor de la independencia, alianzas de extremeños y catalanes, un partido incluso transnacional que abarque todas las autonomías excepto Madrid. Quizá se trata finalmente de eso, de aislar Madrid.

Pablo Echenique ha propuesto estos días la construcción de un “país de países” poniendo como ejemplo su Aragón. Federico Jiménez Losantos le dedicó una diatriba la otra mañana en la que presumía de conocimientos históricos desplegando una mezcla de erudición y ficción muy propia del que habla sabiendo que nadie va a comprobar si lo que dice es cierto. La perorata del turolense fue terrible, entre otras razones porque Echenique en ningún momento habló de razones históricas. Federico, no te enteras, pero no importa, quedó muy bien la clase de historia del viejo profesor enfadado con todo y con todos. Aprendimos que España ya existía como unidad nacional desde que la conquistaron los romanos o raíz de ello, que no me quedó muy claro. Antes del imperio romano, la nada, según Federico. Se afana tanto en el insulto el vehemente locutor que los oyentes acabamos odiando por inercia. Entre la historia de España y la historia de USA del otro día, Federico va llenando su radio de pasado para que parezca una cosa atemporal, aideológica, amoral, acrítica, a-certada.

Pero me interesa la propuesta de Pablo Echenique desde el punto de vista ideológico: ¿Qué quiere decir país de países y qué hay, en esa propuesta de articulación nacional, que apunte a la justicia social? ¿Es la independencia una herramienta para luchar contra la desigualdad? Entiendo que la independencia persigue la administración de los bienes de forma distinta a la propuesta por el Estado central, es decir que, el reparto no está siendo justo. Entiendo que la independencia es la llave que hará que la recaudación sea óptima, la administración de lo recaudado excelente y los servicios sociales ofertados maravillosos. Parece felizmente que la Arcadia es la independencia.

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La ideología termina por olvidar su semilla cuando el campesino tiene que arar la tierra. Entonces ya no importa tanto ayudar al compañero de partido como pedir consejo a la mula, como cuenta Juan Eslava Galán. Con la asfixia del día a día uno se olvida de que hay que luchar por la justicia social, que es curiosamente lo que falla cuando uno tiene que preocuparse por sobrevivir. Todo responde finalmente a la geometría circular, la linealidad es un defecto ocular, no existe la línea del horizonte, la construye nuestro cerebro y en la historia la distorsión la provocan los prejuicios ideológicos. Que la historia es un relato circular que se repite espantosamente es una verdad incontestable, la lucha de clases es una interpretación, una hermenéutica del mundo, pero no deja de ser una conjetura sujeta a discusión, no una verdad sino más bien una especulación.

Ramón Espinar

Se ha esforzado tanto Pablo Iglesias en marcar cuál es la diferencia entre Podemos y el resto de partidos de la casta, que parece inverosímil cualquier explicación del caso Ramón Espinar; a fuerza de señalar a los demás uno termina por señalarse a sí mismo para demostrar dónde está la diferencia. Así, resulta que el propio Espinar afeaba el comportamiento de Willy Meyer tachándolo de “privilegiado y de otros tiempos”, hace un par de años, por tener participaciones en fondos de pensiones privados gestionados por una sicav, Llamazares lo recordó ayer en twitter, apuntando además que “cada uno es responsable del listón de su ética”. La adjudicación de la vivienda que luego Espinar vendió se circunscribe en la misma órbita privilegiada de la que gozó el eurodiputado de izquierda unida (que por cierto dimitió).

El problema de establecer un listón es que el primero que deberá saltarlo, demostrando así que la altura es aceptable, es aquel que exigió su colocación, súbalo usted unos centímetros más, que yo puedo. Para la ética no hay diferencia entre robar un euro o robar diecinueve mil, para el código penal si. Pero Podemos no juega a favor del código penal si no a favor de algo mucho más elevado y voluble: la ética.

Entre lo que está bien y lo que está mal se mueve una línea que juzga a los demás y que si uno mueve a su antojo corre el riesgo de verse atrapado por ella. Desde que irrumpieron en el Parlamento, los de Pablo Iglesias juguetean con enfrentar lo nuevo y lo viejo, lo claro y lo oscuro, lo valiente y lo miedoso, lo moral y lo amoral. En esta dialéctica se mueven con vehemencia los morados acusando a los demás, poniéndose ellos como adalides de una virtud que apenas han tenido tiempo de demostrar.

Todo suena extraño en el caso de Ramón Espinar siempre que adoptemos la misma lógica que presupone el partido del  círculo morado: honorabilidad, honradez, humildad, sentido de la responsabilidad, etcétera. El problema no es que el aspirante a líder del partido en Madrid haya cometido un delito (porque no lo hay), ni que haya incurrido en falta ética ni que haya abusado de su posición como hijo de un consejero de Bankia, el problema es que quizá el Rey ande desnudo, y aquel eslogan del 15-M “no nos representan” sea aplicable también al partido que se arroga la legitimidad de los indignados.

Pablo Iglesias tiene otra oportunidad para demostrar que su juego dialéctico (su propuesta) va en serio, basta con no permitir ni un solo desliz, ni una sola falta, ni un solo atisbo de bajeza. Es tan fuerte la tentación y tan débil la carne.

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