Es otra cosa

El año ha empezado con la política languideciendo en los conflictos internos de Podemos. Si Pedro Sánchez escenificó la traición y la falta de liderazgo, Pablo Iglesias va camino de deshacerse asediado por las dos grandes fuerzas del partido de los círculos: Errejón y Urbán. Que Podemos sea un partido hecho de una amalgama donde tanto caben los clásicos verdes como los clásicos anticapitalistas impone un hándicap que consiste en saber qué pegamento utilizar para que todo quede bien pegadito y no se desmonte al menor soplido del lobo. Además, amigos, el lobo puede estar dentro de casa y no fuera como se empeñan algunos en apuntar.

jon-kortajarena

La política languidece porque todo parece ordenarse felizmente: por fin tenemos un año sin elecciones desde el 2013. Nos ha gustado perfumarnos de distinguidos comentando en la oficina los movimientos políticos y ahora todo ese ajetreo se va desinflando y nos va poniendo en nuestro sitio. Ya solo cabe hablar de quién saldrá fortalecido en Vistalegre II, si no hay sorpresas todo apunta a una coreografía perfectamente sincronizada, quizá un abrazo a tres entre Errejón, Urbán e Iglesias para que los votantes de Podemos puedan pensar que todo está en orden, la izquierda avanza, etcétera, etcétera, etcétera.

Con la derecha fortaleciendo su posición en las encuestas cabe preguntarse si no será el partidismo el que está en crisis, quiero decir que, cada vez más, el votante se identifica con un estado de ánimo y no con un ideario político, e independientemente de los escándalos que pueda generar el partido que gobierna, lo que percibe la mayoría de la gente es un estado de las cosas, osea, que baje el paro, que aumente el número de afiliados a la seguridad social, que salga el Sol cada día y que la contaminación no nos ahogue. No el fin de las ideologías, si no más bien, el principio de las ideologías secretas o las ideologías de bar: que el ideario no pase de una conversación acalorada e insustancial en la hora del vermú. La ideología como moral, y como moral, sometida a las leyes de la hipocresía, el cinismo, la divagación.andres-velencoso-nude

Durante la segunda mitad del siglo XX se esmeraron algunos pensadores por superar la etiqueta marxista en la crítica social (por ejemplo Foucault) porque los regímenes comunistas le quitaban la razón a cualquier pensador que tratara de justificar una alternativa al capitalismo. Hoy sabemos que el capitalismo ha ganado, la cuestión ya no puede ser buscar un modelo de sociedad alternativo porque todo intento de forzar el sistema termina siendo catastrófico. El sistema no tiene responsables y por lo tanto no puede ser juzgado ni modificado ni destruido, el sistema no es una creación consciente, no responde a ningún plan, no hay buenos y malos, no hay traidores, no hay plebeyos. Hablo del sistema como organismo cuasi vivo, que respira y se ordena. No es el sistema de representación, no es la dictadura del proletariado, no es la monarquía parlamentaria, no es la República. Es otra cosa.

Lecturas 5

[…] Uno participa en la batalla al mantener vivo lo particular en un mundo simplificador y generalizador. No tienes necesidad de escribir para legitimar el comunismo o el capitalismo; estás al margen de ambos. Si eres escritor, no te alías ni con uno ni con otro. Ves diferencias, sí, y, por supuesto, ves que esta mierda es un poco mejor que aquella mierda, o que aquella mierda es mejor que ésta. Tal vez mucho mejor. Pero ves la mierda. No eres un empleado del gobierno. No eres un militante. No eres un creyente. Eres una persona que se enfrenta de una manera muy diferente al mundo y a lo que sucede en el mundo. El militante presenta la fe, una gran creencia que cambiará el mundo, y el artista presenta un producto que no tiene cabida en este mundo, que es inútil. El artista, el escritor serio, introduce en el mundo algo que ni siquiera estaba ahí al comienzo. Cuando Dios hizo todas las cosas en siete días, las aves, los ríos, los seres humanos, no dedicó ni diez minutos a la literatura. «Y entonces existirá la literatura. A algunos les gustará, a algunos les obsesionará y querrán hacerla…» No, no. Él no dijo eso. Si entonces le hubieras preguntado a Dios: «¿Habrá lampistas?», te habría respondido: «Sí, los habrá, porque habrá casas y serán necesarios los lampistas». «¿Habrá médicos?» «Sí, porque la gente enfermará y necesitará médicos que le receten medicinas.» «¿Y literatura?» «¿Literatura? ¿De qué me estás hablando? ¿Para qué sirve eso? ¿Dónde encaja? Por favor, estoy creando un universo, no una universidad. Nada de literatura.»

Philip Roth, Me casé con un comunista (traducción de Jordi Fibla)

Aficionados

Conozco un hombre que el día que firmó un contrato para jugar en la ACB sufrió un accidente de tráfico que le dejó cojo de por vida, ahora juega de vez en cuando con los amigos, incluso cojo puede derrotarlos a todos. Conozco una chica que canta como Janis Joplin y no ha ganado un euro jamás cantando, pasa tediosas jornadas de ocho horas tras una caja en un centro comercial: los sábados quema su garganta en un local que huele a humedad junto a un grupo de aficionados. Conozco un chaval de treinta años que juega al fútbol como Lionel Messi pero jamás ha jugado un partido en un gran estadio, juega con sus amigos, a veces en vaqueros. Conocí en la adolescencia grandes escritores que nunca publicaron nada, todos eran geniales, brillantes y jóvenes, todos hacen ahora sesudos discursos en bodas o escriben blogs que apenas tienen visitas. Conozco un grandísimo piloto de carreras que nunca atravesó la línea de meta. Conozco al mejor ajedrecista de mi pueblo y al mejor acuarelista de los últimos cincuenta años. Conozco un tenista glorioso que nunca se retiró porque nunca llegó a disputar un partido. Conozco un mago que hace trucos imposibles en las cenas de Navidad. Conozco al mejor nadador de mi generación. Conozco una mujer que cuando sale de la oficina juega a bailar en la soledad de su apartamento: a sus cincuenta y dos años realiza a la perfección el Fouetté en tournant. Conozco un montón de gente con talento que nunca ha destacado haciendo aquello que ama, porque todos trabajan en otra cosa.

No son la cara de la derrota porque nunca llegaron a competir, son la otra cara, el otro juego, la categoría que no existe, el canon que nadie propuso, el filo del espejo, la parte de la navaja que no corta. Me jacto de conocer grandes personalidades en diversas disciplinas artísticas o deportivas o lúdicas que siendo gigantes nunca destacaron; hombres y mujeres brillantes que nunca brillaron. Todos son grandes en sus aptitudes y todos son igual de desconocidos, genios anónimos respetados por su entorno como si fueran clásicos, con una autoridad inquebrantable en aquello que practican en sus horas libres.

La diferencia entre un profesional y un aficionado estriba en que el primero cobra por lo que hace y, además, lo hace siempre; el segundo no cobra y solo lo hace cuando puede y le apetece. Dinero y obligatoriedad, esa es la línea que separa al escritor de domingo del escritor a tiempo completo. La misma lógica se puede aplicar en cualquier otro ámbito. El dinero, que todo lo mancha, también todo lo oficializa, de tal modo que si algo está firmado con la rúbrica del dinero tiene ya de por si una legitimidad inalcanzable para los que hacen algo sin esperar nada a cambio. Hay sin embargo un hilo misterioso que une a todos estos genios, una voluntad al margen de la disciplina, la obligatoriedad y el oficialismo: la dignidad. Todos hacen aquello que aman porque buscan cierta forma de dignidad que no está reconocida en ningún sitio, todos saben que hubieran llegado al pódium pero a ninguno le importa. A veces, cuando por casualidad he juntado a dos de estos especímenes, se miran entre ellos con un respeto reverencial que parece obedecer a un código secreto, como si fuesen los últimos portadores de una verdad en peligro de extinción.

01_hombre-al-desnudo

Un minuto de silencio

En su afán por deslegitimar la normalidad e impugnar la hegemonía cultural, Unidos Podemos se ausentó ayer del Parlamento cuando Ana Pastor pidió un minuto de silencio por la muerte de Rita Barberá. La ausencia fue poco elegante, la elegancia es lo último que uno debe perder, no en vano, en los tanatorios acicalan a los muertos para presentarlos a las visitas. Al gesto de Pablo Iglesias, Iñigo Errejón y Alberto Garzón le siguieron una lluvia de críticas furibundas: a la falta de elegancia se contesta con un traje de Armani, no con unos vaqueros rotos. La pena es que nadie describa los hechos: la decisión de guardar un minuto de silencio fue tomada por Ana Pastor sabiendo que tenía en contra al grupo de Iglesias y después de que la Mesa no lograra un acuerdo entre todas las fuerzas políticas. Ya dijo Onetti que no había forma más repugnante de mentir que decir solamente la verdad, ocultando el alma de los hechos.

En este país no sabemos relacionarnos con la muerte: escondemos los cementerios o sacamos imágenes ensangrentadas a pasear por la calle. La sangre es un motivo ornamental, si no hay sangre no hay belleza. La carencia de “humanidad” que tanto reprochan a la formación morada por negar ese minuto de silencio es una exageración muy carpetovetónica. Yo creo que al explicar la ausencia Pablo Iglesias comete un error, no tenía que haber explicado nada, los hechos hablan por si solos, un desplante puede quedar en mera anécdota si no hay explicación posterior.

Con muchos diputados twitteando las impresiones del gesto de Unidos Podemos, pensé que se les iba a ir de las manos e iban a terminar twitteando si estaban a favor o en contra de la muerte, una cuestión muy española y con la que tenemos experiencia; después del viva la muerte, muera la inteligencia, lo de ayer parece un capítulo más de aquella reyerta.

La pobre Rita, desterrada de su partido, juzgada por un crimen que no sabremos nunca si cometió, ha alcanzado muerta la canonización y el amparo que debió disfrutar viva, algo muy español también: reconocer en la muerte y no en la vida. En la indignación de algunos diputados está cifrado el leitmotiv de su moral: la hipocresía, una palabra que viene del griego hypócrisis que significa “representar un papel teatral”; un hipócrita es un actor, un fingidor. Quizá esa impostura, ese chovinismo repentino de los populares se deba precisamente a que no tienen la conciencia tranquila, a que creen que no hicieron lo suficiente por ayudar a la exalcaldesa caída en desgracia.

La unanimidad de la condena de la huída de los morados es tan monumental que hasta en su propio partido algunos decidieron quedarse en el escaño y respetar el minuto de silencio. El respeto, esa bandera que se agita para no confrontar ideas, es el argumento que todos esgrimen cuando tienen en frente algo distinto, pero toda protesta es una falta de respeto, la cuestión es hasta dónde se deja escandalizar el agraviado.

Círculos

A toda revolución política le sigue una reacción de signo contrario que cumple un viaje circular, eterno y borgiano, para desatar el escepticismo: la restauración monárquica después de Napoleón; el capitalismo furibundo después de Gorbachov; Trump después Obama, etcétera. Hay un derrotismo esperando paciente a la vuelta de todas las primaveras árabes. Así que el mundo va girando y a la globalización le sigue un retraimiento hacia lo local, osea, una vuelta al nacionalismo rampante que recela del otro, del distinto, del que viene de fuera (siempre se mira al que viene de fuera, nunca mira uno desde fuera al que está dentro), para gozar del caparazón del yo y buscar un nosotros que asegure cierta compañía, cierta seguridad. España sabe mucho de búsqueda oportunista de identidades, también de actitudes reaccionarias.

El sentimiento de pertenencia (tan necesario para algunos) lleva siglo y medio tratando de encontrar su nombre en la Península ibérica. No hay acuerdo para construir un relato en el que todos se sientan cómodos, y el nacionalismo regionalista espera cualquier coartada para saltar a la yugular del centralismo. Jugueteando con la historia (a veces directamente falseándola), los nacionalistas buscan la salvación mediante el mantra de la independencia, como si todos los males se fueran a terminar con el hijo yéndose de casa. Es curioso ver cómo la apuesta por la emancipación de España ha puesto de acuerdo a dos partidos antagónicos como la CUP y Convergència i unió. Cualquier revolución puede esperar cuando la tarea principal del adolescente consiste en matar al padre. No descarto ver, en favor de la independencia, alianzas de extremeños y catalanes, un partido incluso transnacional que abarque todas las autonomías excepto Madrid. Quizá se trata finalmente de eso, de aislar Madrid.

Pablo Echenique ha propuesto estos días la construcción de un “país de países” poniendo como ejemplo su Aragón. Federico Jiménez Losantos le dedicó una diatriba la otra mañana en la que presumía de conocimientos históricos desplegando una mezcla de erudición y ficción muy propia del que habla sabiendo que nadie va a comprobar si lo que dice es cierto. La perorata del turolense fue terrible, entre otras razones porque Echenique en ningún momento habló de razones históricas. Federico, no te enteras, pero no importa, quedó muy bien la clase de historia del viejo profesor enfadado con todo y con todos. Aprendimos que España ya existía como unidad nacional desde que la conquistaron los romanos o raíz de ello, que no me quedó muy claro. Antes del imperio romano, la nada, según Federico. Se afana tanto en el insulto el vehemente locutor que los oyentes acabamos odiando por inercia. Entre la historia de España y la historia de USA del otro día, Federico va llenando su radio de pasado para que parezca una cosa atemporal, aideológica, amoral, acrítica, a-certada.

Pero me interesa la propuesta de Pablo Echenique desde el punto de vista ideológico: ¿Qué quiere decir país de países y qué hay, en esa propuesta de articulación nacional, que apunte a la justicia social? ¿Es la independencia una herramienta para luchar contra la desigualdad? Entiendo que la independencia persigue la administración de los bienes de forma distinta a la propuesta por el Estado central, es decir que, el reparto no está siendo justo. Entiendo que la independencia es la llave que hará que la recaudación sea óptima, la administración de lo recaudado excelente y los servicios sociales ofertados maravillosos. Parece felizmente que la Arcadia es la independencia.

f0c2f3cf0b8d

La ideología termina por olvidar su semilla cuando el campesino tiene que arar la tierra. Entonces ya no importa tanto ayudar al compañero de partido como pedir consejo a la mula, como cuenta Juan Eslava Galán. Con la asfixia del día a día uno se olvida de que hay que luchar por la justicia social, que es curiosamente lo que falla cuando uno tiene que preocuparse por sobrevivir. Todo responde finalmente a la geometría circular, la linealidad es un defecto ocular, no existe la línea del horizonte, la construye nuestro cerebro y en la historia la distorsión la provocan los prejuicios ideológicos. Que la historia es un relato circular que se repite espantosamente es una verdad incontestable, la lucha de clases es una interpretación, una hermenéutica del mundo, pero no deja de ser una conjetura sujeta a discusión, no una verdad sino más bien una especulación.

Donald Trump

Donald Trump ha ganado las elecciones en los Estados Unidos de América. Estamos asistiendo a un nuevo estado de ánimo en el ámbito político, primero fue el Brexit y ahora es Donald Trump; en ambos casos las encuestas se equivocaron y en ambos casos el aire que queda después de la fiesta es un aire de culpabilidad entre los vencedores, como si uno en realidad no quisiera haber hecho lo que ha hecho. Mañana empezarán a llegarnos breves notas de prensa de republicanos arrepentidos que en realidad no querían votar a Trump pero oiga, mire, es que me hice un pequeño lío con las papeletas o es que no terminé de creerme el discurso del neoyorkino.

El líder político, en los sistemas representativos, es expresión de la sociedad, quiero decir que (en contra de lo que muchos creen) ningún representante aparece en la escena política para beneficiarse personalmente. Si un dirigente llega a las alturas de unas elecciones generales es porque el electorado ha demandado esa opción. La cuestión no es si Donald Trump está ahí para hacer una cosa o la contraria, la cuestión es qué demanda, qué expresión, qué inquietudes motivaron el discurso y su proclamación. El político no nace espontáneamente, responde a una necesidad o a una resistencia o a una reacción. Todos queremos oír aquella verdad en la que creemos; muy pocos se atreven a dejarse sorprender.

¿Es Donald Trump un loco por decir aquello que 50 millones de personas quieren oír? ¿Están locas 50 millones de personas? ¿Es la democracia un sistema que garantice la cordura? En la política juega el psicoanálisis un papel más poderoso que la economía. Si Trump ha ganado ha sido porque un músculo de cincuenta millones de votantes le ha empujado como empuja el estadio para que gane el equipo local.

Desde un punto de vista geopolítico cualquier cosa puede pasar. Obama apostó en Siria por una intervención que jugueteaba con la resistencia y menospreciaba a Bashar al-Ásad, sin definir con claridad su postura frente al IS. Obama, tirando de nobel de la paz, ha tratado durante ocho años de justificar el premio, en esa intentona ha quedado su legado Internacional. Putin, mucho más beligerante y claro, ganará peso en la región, lo que busca el ruso es afianzar su participación en la mayor inversión de todos los tiempos, una descomunal red de infraestructuras ferroviarias, carreteras y comunicaciones que se planea construir para unir Asia al viejo continente. Europa va a quedar en una encrucijada porque, mientras se juega al despiste con el TTIP, la gran partida está en otra mesa. Donald Trump lo sabe, como lo sabía Hillary Clinton. Se trata de apostar por Rusia o por China. Trump apuesta por Rusia. Pero habrá dos problemas capitales para deshacer el nudo asiático: Irán y Corea del Norte. Quizá las tensiones ente USA e Irán puedan suavizarse con la mediación de los rusos, pero en Corea del Norte todo puede saltar por los aires. Recordad que todos los presidentes republicanos han hecho su guerra. Le doy tres años a Trump para desatar las furias. Asegurarse un protectorado en Asia es la mejor manera de participar en esa gigantesca inversión. No olvidemos que Donald Trump es, al fín y al cabo, un hombre de negocios.

untitled-article-1469542939

Ramón Espinar

Se ha esforzado tanto Pablo Iglesias en marcar cuál es la diferencia entre Podemos y el resto de partidos de la casta, que parece inverosímil cualquier explicación del caso Ramón Espinar; a fuerza de señalar a los demás uno termina por señalarse a sí mismo para demostrar dónde está la diferencia. Así, resulta que el propio Espinar afeaba el comportamiento de Willy Meyer tachándolo de “privilegiado y de otros tiempos”, hace un par de años, por tener participaciones en fondos de pensiones privados gestionados por una sicav, Llamazares lo recordó ayer en twitter, apuntando además que “cada uno es responsable del listón de su ética”. La adjudicación de la vivienda que luego Espinar vendió se circunscribe en la misma órbita privilegiada de la que gozó el eurodiputado de izquierda unida (que por cierto dimitió).

El problema de establecer un listón es que el primero que deberá saltarlo, demostrando así que la altura es aceptable, es aquel que exigió su colocación, súbalo usted unos centímetros más, que yo puedo. Para la ética no hay diferencia entre robar un euro o robar diecinueve mil, para el código penal si. Pero Podemos no juega a favor del código penal si no a favor de algo mucho más elevado y voluble: la ética.

Entre lo que está bien y lo que está mal se mueve una línea que juzga a los demás y que si uno mueve a su antojo corre el riesgo de verse atrapado por ella. Desde que irrumpieron en el Parlamento, los de Pablo Iglesias juguetean con enfrentar lo nuevo y lo viejo, lo claro y lo oscuro, lo valiente y lo miedoso, lo moral y lo amoral. En esta dialéctica se mueven con vehemencia los morados acusando a los demás, poniéndose ellos como adalides de una virtud que apenas han tenido tiempo de demostrar.

Todo suena extraño en el caso de Ramón Espinar siempre que adoptemos la misma lógica que presupone el partido del  círculo morado: honorabilidad, honradez, humildad, sentido de la responsabilidad, etcétera. El problema no es que el aspirante a líder del partido en Madrid haya cometido un delito (porque no lo hay), ni que haya incurrido en falta ética ni que haya abusado de su posición como hijo de un consejero de Bankia, el problema es que quizá el Rey ande desnudo, y aquel eslogan del 15-M “no nos representan” sea aplicable también al partido que se arroga la legitimidad de los indignados.

Pablo Iglesias tiene otra oportunidad para demostrar que su juego dialéctico (su propuesta) va en serio, basta con no permitir ni un solo desliz, ni una sola falta, ni un solo atisbo de bajeza. Es tan fuerte la tentación y tan débil la carne.

baptiste-giabiconi