Pedro Sánchez y la Internacional

Tardaba tanto en bajar Pedro Sánchez de la tercera planta a la planta en la que hace unos meses le obligaron a dimitir que Ferraz parecía un concierto de los Guns and Roses y algunos pensamos que Sánchez saldría completamente borracho, se trabaría en el discurso y agradecería a su mujer como Rocky en la segunda entrega de la saga. No fue así pero pasaron cosas mucho más incomprensibles: Ayer los seguidores de Pedro Sánchez cantaron la Internacional; me chocó tanto que me puse a susurrar entre dientes el artículo 135 de la Constitución española, ese que Zapatero modificó junto con el PP en el año 2011 para establecer un techo de gasto y priorizar el pago de la deuda sobre cualquier otro. Que un partido pueda hacer dos cosas tan contradictorias al mismo tiempo como cantar la Internacional y limitar la seocialdemocracia (no es otra cosa la ley de estabilidad presupuestaria) es la última muestra de la esquizofrenia en la que uno debe vivir si quiere dedicarse a la política en este país.

En sus respectivos discursos Patxi López fue conciso y elegante y Susana Díaz apareció circunspecta y jodida. Patxi López (quizá porque sabía que no contaba con ninguna opción) se mostró optimista y conciliador y esa ha sido su estrategia durante las primarias; Susana Díaz no pronunció ni una sola vez el nombre de Pedro Sánchez y dejó bien claro que su gestión estaba siendo un éxito en Andalucía, repitió varias veces la palabra socialdemocracia y varias veces la palabra partido socialista, su estrategia durante la campaña de primarias ha sido la de ganar, ganar y ganar.

Con un 80 % escrutado el primero que dijo algo fue Antonio Hernando: dimito. Por primera vez pensé que el portavoz hablaba por si mismo. A mi me hubiese gustado verle responder a las preguntas de los periodistas otra vez: Señor Hernando, ¿apoya usted ahora un NO a Rajoy? El joven Rafael yo creo que no vuelve a la política.

Al grito de susanista el que no vote algunos empezaron a vitorear al vencedor demostrando que el PSOE lleva noqueado años, tan noqueado que no sabe de dónde le llegan los golpes: a veces de Podemos, a veces de Rajoy, a veces de su misma bancada. Ese ha sido uno de los grandes problemas del PSOE: dejarse golpear por todos y no ser capaz de poner orden entre tanto punch cruzado. Hasta los mismos socialistas disfrutan golpeándose en un ejercicio claro de sadomasoquismo.

La victoria de Pedro Sánchez es la victoria del héroe porque ha vencido a los grandes popes del socialismo español (González, Zapatero, Rubalcaba, etc) con la legitimidad de sus afiliados, es decir con la legitimidad de la calle (esa que reclama Podemos). En la dialéctica que el PSOE lleva dos años desarrollando hay una malformación de base: buscar ser el referente de la izquierda. Los líderes se instituyen como tales en virtud de la confianza que se deposita en ellos; nadie puede autoerigirse líder. Yo creo que por eso se pusieron a cantar la Internacional.

Si nos ponemos estupendos podemos llegar incluso a la peligrosa conclusión de afirmar que la modificación del artículo 135 abre las puertas a la prohibición de la doctrina socialdemócrata. ¿No es el gasto y por lo tanto la asunción de un déficit el principal instrumento de la socialdemocracia? Seis años después de aquella reforma me pregunto si de verdad Zapatero pensó que aquella maniobra le saldría gratis. Y todavía hay quien afirma con rotundidad, con seriedad, con vehemencia que Zapatero fue el mejor presidente de nuestra democracia.

El gran estratega que ha despedazado al PSOE se llama Mariano Rajoy; mientras la izquierda le menosprecie como enemigo y aluda a él como el que alude a un pariente tonto el diagnóstico estratégico estará siempre errado: Rajoy es un político de una talla mucho mayor de la que se le supone. No hay una oposición potente que le haga sombra y eso se nota en cada sibilina actuación: todas le salen gratis al gallego.

Así que finalmente apareció Pedro Sánchez y dijo prácticamente lo mismo que dijo en algún otro sitio hace más o menos un año: la euforia de Ferraz parece tan contundente que todos ven ya un Gobierno de coalición de izquierdas echando a los populares de la Moncloa. Si es así de fácil ¿por qué no lo hicieron hace más o menos un año? Mientras el PSOE se desgasta interpretando la euforia el PP saca los presupuestos Generales del Estado con el No del señor Hernando y el SI del PNV. Los periodistas miramos de reojo a Rajoy cuando la cámara baja aprobó el documento pero nadie se atrevió a preguntarle luego, en rueda de prensa, por qué no buscó esos mismos apoyos para la investidura.

Me pregunto si hubieran cantado la Internacional de haber ganado Susana Díaz.

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