Donald Trump

Donald Trump ha ganado las elecciones en los Estados Unidos de América. Estamos asistiendo a un nuevo estado de ánimo en el ámbito político, primero fue el Brexit y ahora es Donald Trump; en ambos casos las encuestas se equivocaron y en ambos casos el aire que queda después de la fiesta es un aire de culpabilidad entre los vencedores, como si uno en realidad no quisiera haber hecho lo que ha hecho. Mañana empezarán a llegarnos breves notas de prensa de republicanos arrepentidos que en realidad no querían votar a Trump pero oiga, mire, es que me hice un pequeño lío con las papeletas o es que no terminé de creerme el discurso del neoyorkino.

El líder político, en los sistemas representativos, es expresión de la sociedad, quiero decir que (en contra de lo que muchos creen) ningún representante aparece en la escena política para beneficiarse personalmente. Si un dirigente llega a las alturas de unas elecciones generales es porque el electorado ha demandado esa opción. La cuestión no es si Donald Trump está ahí para hacer una cosa o la contraria, la cuestión es qué demanda, qué expresión, qué inquietudes motivaron el discurso y su proclamación. El político no nace espontáneamente, responde a una necesidad o a una resistencia o a una reacción. Todos queremos oír aquella verdad en la que creemos; muy pocos se atreven a dejarse sorprender.

¿Es Donald Trump un loco por decir aquello que 50 millones de personas quieren oír? ¿Están locas 50 millones de personas? ¿Es la democracia un sistema que garantice la cordura? En la política juega el psicoanálisis un papel más poderoso que la economía. Si Trump ha ganado ha sido porque un músculo de cincuenta millones de votantes le ha empujado como empuja el estadio para que gane el equipo local.

Desde un punto de vista geopolítico cualquier cosa puede pasar. Obama apostó en Siria por una intervención que jugueteaba con la resistencia y menospreciaba a Bashar al-Ásad, sin definir con claridad su postura frente al IS. Obama, tirando de nobel de la paz, ha tratado durante ocho años de justificar el premio, en esa intentona ha quedado su legado Internacional. Putin, mucho más beligerante y claro, ganará peso en la región, lo que busca el ruso es afianzar su participación en la mayor inversión de todos los tiempos, una descomunal red de infraestructuras ferroviarias, carreteras y comunicaciones que se planea construir para unir Asia al viejo continente. Europa va a quedar en una encrucijada porque, mientras se juega al despiste con el TTIP, la gran partida está en otra mesa. Donald Trump lo sabe, como lo sabía Hillary Clinton. Se trata de apostar por Rusia o por China. Trump apuesta por Rusia. Pero habrá dos problemas capitales para deshacer el nudo asiático: Irán y Corea del Norte. Quizá las tensiones ente USA e Irán puedan suavizarse con la mediación de los rusos, pero en Corea del Norte todo puede saltar por los aires. Recordad que todos los presidentes republicanos han hecho su guerra. Le doy tres años a Trump para desatar las furias. Asegurarse un protectorado en Asia es la mejor manera de participar en esa gigantesca inversión. No olvidemos que Donald Trump es, al fín y al cabo, un hombre de negocios.

untitled-article-1469542939

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s