Pactos y desacuerdos

Las matemáticas hacen imposible formar un Gobierno con menos de tres fuerzas políticas; de los cuatro partidos más votados solo Ciudadanos aspira a una concordia ficticia, con vetos sonrientes para que la opinión pública no crea que están vetando nada. Ideológicamente Ciudadanos pivota en el centro poniendo a veces un pié en la derecha y otras en la izquierda, enviando un mensaje que parece gustar mucho al electorado: hay que pactar un gobierno, hay que ponerse a trabajar ya. En esta lógica del trabajo Rivera va subiendo puestos en popularidad (como si a los españoles realmente nos gustase trabajar…) y resulta curioso constatar cómo los acuerdos entre PSOE y Ciudadanos solo responden a una puesta en escena que teatralice eso: nos hemos puesto de acuerdo. Ahora bien, las materias sobre las cuales ambas formaciones han llegado a un acuerdo parecen lo de menos. Se afanaba mucho Pedro Sánchez en el Parlamento por llevar al pacto a las izquierdas, tratando de hacer pedagogía, explicando una y otra vez las virtudes progresistas del pacto que había firmado con Rivera. Pero en realidad tales argumentos no convencen porque es otra cosa la que discute la izquierda. La izquierda no está discutiendo el documento; la izquierda trata de impugnar el orden impuesto por Ciudadanos, intenta desenmascar ideológicamente a la formación naranja.

Cuando Pablo Iglesias anuncia en los medios de comunicación que se ofrece como vicepresidente y que quiere además cuatro ministerios muchos alaban el tactismo, la estrategia, el golpe de efecto del político de Vallecas. Visto desde esa misma lógica la jugada de Albert Rivera puede responder a idénticos elogios, además, Albert Rivera le añade una pizca de pimienta al guiso: hay cierta maldad comprensible en el hecho de acordar un pacto mientras en la sala de al lado el mismo partido con el que pactas trabaja con otros cuatro para llegar a un acuerdo. Albert Rivera va aterrizando así en la política real, y se revela tan dotado para la estrategia como Pablo Iglesias, ahora bien: de momento ninguno de los dos ha obtenido un bocado sustancial, y tanto el pacto de Ciudadanos como la abortada propuesta de Podemos parecen insuficientes. Entre medias el PSOE parece una marioneta de los nuevos protagonistas, baila al son de unos y otros y depende de estos más que de su propia fuerza electoral.

Hay detrás del pacto entre PSOE y Ciudadanos una apuesta clara por aislar a Podemos y empujarle a que explique por qué no firma un Gobierno supuestamente progresista, en esa explicación se juega la formación morada su futuro de cara a repetición de elecciones. Pues no otra cosa están haciendo ahora mismo todos: campaña electoral. Desde hace semanas todos asumen que lo que ahora se debate en el Congreso no es otra cosa que el posicionamiento frente a una repetición de elecciones, y en ese ámbito la dureza de Pablo Iglesias, la afabilidad de Rivera, la pedagogía de Sánchez y la nada de Rajoy responden a la búsqueda del imán que posibilite el cambio de voto. A no ser que me equivoque y esta tarde haya alguna gran sorpresa.

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