Los últimos manotazos del náufrago

Salió Íñigo Errejón a explicar por qué Podemos abandonaba la mesa de negociación. Lo hizo apelando a la mística del discurso que les ha llevado hasta donde están; […] es un acuerdo que va a hacer las delicias del Ibex35, dijo en relación al pacto PSOEC´s. Las ruedas de prensa de la formación morada son solemnes como declaraciones de guerra, y aparecen siempre muchos dirigentes, como si fueran la banda de disco village people, ojo que en cualquier momento el séquito que aparece circundando al ponente podría bailar al ritmo de las consignas. No repetiré que la puesta en escena de los morados es una lección al resto. Hay una clara vocación de estilo en todo lo que hacen, también la hay en el PP y en el PSOE y en C´s y en IU, pero del estilo del partido de los círculos emana un aroma místico, que evoca utopías cercanas.

Que fuera Íñigo Errejón y no Pablo Iglesias el que hiciera el anuncio responde a un tactismo que han aprendido a toda velocidad en los últimos dos años: el líder no debe sufrir desgastes innecesarios. Pablo Iglesias debe dar alguna buena noticia de vez en cuando y dejar que Errejón comparezca para anunciar los duelos. En la tristeza Podemos mide su expectativa de voto, es tan corto el amor y tan largo el olvido que la melancolía le queda mejor al rostro aniñado del secretario que al rostro enfadado y en lucha de Iglesias.

El partido socialista ha visto en Rivera un aliado silencioso, en realidad el que está haciendo de pantalla en todo este lío es el político de Barcelona, que recibe golpes a derecha e izquierda; ese es el eterno desafío del centro: resistir. Todos le acusan de servir al contrario y el mismo pacto puede ser tachado de socialdemócrata y de conservador según venga la acusación de un lado u otro. El riesgo que corre Rivera es el de convertirse realmente en el centro y desaparecer, mientras llega ese momento Pedro Sánchez le utiliza para enviar un mensaje ambiguo al electorado, algo así como estamos trabajando para formar un Gobierno progresista. Tan entusiasmado está el socialista que ha olvidado las matemáticas, como si al arrancar un coche se olvidara uno de quitar el freno de mano y por más que acelerara aquello no se moviera. El coche al que se han subido socialistas y ciudadanos no tiene volante y por lo tanto carece de dirección. Será gracioso verles parados mientras el tráfico avanza implacable.

Vive el PSOE de reivindicar su lugar en la izquierda, anunciando la derogación de un montón de leyes que ellos mismos aprobaron (reforma laboral), pero el lugar de la izquierda ya está ocupado por otros y el electorado empieza a sospechar que todo lo que puede hacer el PSOE lo puede hacer también un partido de centro, o un partido de derechas. Los intentos del PSOE por demostrar su posición ideológica parecen los últimos manotazos del náufrago antes de ahogarse.

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