Aquí nos tiene señor Rajoy

La campaña electoral nos está dejando imágenes surrealistas; ver a los políticos lanzarse a las calles como elefantes de cristal que fueran a partirse en mil pedazos es el leitmotiv de cualquier acercamiento de un político a la gente: parece que en cualquier momento se van a poner a llorar ateridos por un ataque de pánico. Excepto Esperanza Aguirre la mayoría de los políticos de este país se mezclan con miedo en la muchedumbre, recuerdo ahora aquella frase soberbia de Fraga: La calle es mía; lo cual venía a demostrar que un líder no puede nunca autoerigirse, son los otros los que le dan el poder, la gloria, el respeto y la medida de su grandeza. Esperanza Aguirre se mueve con desgaire entre mercados de barrio, gente de barrio, empresarios y futbolistas porque parece decirles a todos: yo soy la calle. Luego, en la soledad de los platós de televisión, Esperanza Aguirre mira a la cámara sin mirarla y al entrevistador le agasaja sin llegar nunca a agasajarle. Nadie sabe interpretar tan bien el papel como la sobrina de Gil de Biedma.

La calle nunca fue de los políticos, y verles ahora pisar las plazas, los municipios, los parques, el aparataje público, nos da la medida de su angustiosa impostura, un fingimiento que resulta grotesco. Hacer campaña viene siendo una cosmética palaciega que consiste en hacer creer al populacho que los políticos son tíos normales, que montan en bici y leen el Marca. Rajoy dijo el otro día una frase en la que llevo días pensando: El deporte es bueno para quien lo hace y para quien no. Creo que lo de Mariano Rajoy Brey se acerca cada día más a la política zen. Decir cosas que aparentemente no tienen sentido para que los demás pensemos que somos tontos por no entenderlas. Piénsalo por un instante: El deporte es bueno para quien lo hace y para quien no. Un minimalismo Zen, una forma de pensar orientaloide y sofisticada de tan sencilla.

El escenario que pintara Podemos hace tan solo año y medio, se ha materializado en los dos grandes popes políticos de este país: Aznar y González (se me ocurre ahora que Aznar y González podría ser un buen título para una obra de teatro), ambos líderes espirituales andan despotricando y desconfiando de los nuevos políticos. Felipe González advierte de la amenaza de italianización que recorre España, Aznar pide la vuelta del votante del PP, se unen los dos para denunciar los atropellos venezolanos.

Lo estamos viendo en Andalucía. Mientras que Susana Díaz usa como argumento el ridículo (esto roza el ridículo, dijo la Presidenta del PSOE andaluz), los que acaban de llegar a la política usan argumentos, ideas, firme usted aquí, cosas por hacer. Entiendo la postura de los viejos políticos (una vejez que no la determina la biología en el caso de Susana Díaz, una vejez moral), cualquiera se pone nervioso cuando ve que la tierra sobre la que se asentaba tan firmemente, con tanta seguridad, empieza a temblar; y ya me relamo cuando pienso en la primera frase que pronunciará Pablo Iglesias cuando llegue en calidad de opositor al hemiciclo: aquí nos tiene señor Rajoy.

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