Bárcenas y la prensa

Así empieza el editorial de la edición digital que publicó ayer el ABC:

«Desde hace ya seis meses, la vida pública se ha visto condicionada por un contumaz acoso mediático contra el PP y el Gobierno de Rajoy. Dos medios de comunicación -uno animado por su ideología prosocialista, y el otro, por su gusto por el sensacionalismo y su resentimiento contra el actual presidente- se han servido de las filtraciones de un delincuente, Luis Bárcenas, para intentar derribar al Gobierno. Despreciando la libre voluntad de los españoles, que en noviembre del 2011 depositaron su confianza en el PP con una histórica mayoría absoluta, el ensañamiento de estos medios con el proyecto de Rajoy llegó al ridículo de que hace justo un año daban por hecho el rescate de España, y hasta lo jaleaban. Los profetas de aquel rescate, que se ha quedado en nada, son los mismos que, fracasado su intento de derribo por la vía económica, dan pábulo ahora al chantaje de Bárcenas y su nuevo cómplice, Ramírez.»

Recuerdo cómo el desprecio de la libre voluntad de los españoles lo ejercieron con delicadeza y sin escrúpulos los medios de la derecha cuando el 13 de Marzo de 2004 ganó José Luis Rodriguez Zapatero las elecciones generales. Parece que no siempre es sagrada la voluntad de los votantes, sobre todo cuando no votan lo que uno quiere.

También me llama la atención cómo apelan los medios de la derecha al daño que el caso Bárcenas le hace a la marca España. Alfonso Ussia escribía esto en La razón:

Rubalcaba y quienes le secundan deberían meditar con mesura si no están dañando la credibilidad ciudadana en las instituciones democráticas cuando le dan más fiabilidad a las mentiras de un chantajista que a la palabra de un presidente.

Cuando el Gobierno lo ejerce el partido popular todo ataque al presidente o a sus ministros pasa por ser un ataque antipatriota. Cuando el Gobierno lo ejerce el Partido socialista la valoración patriótica queda excluida. La patria parece ser sólo cosa de la derecha.

El caso Bárcenas está ejemplificando platónicamente el posicionamiento de la prensa en este extraño país. Todos alardean de independientes y profesionales, o, en un caso de manifiesta enfermedad, presumen de su parcialidad para darse un toque de distinción y supuesta honradez. Los medios de comunicación se han convertido desde hace muchos años en medios de opinión, generadores de sentido y no amanuenses de la actualidad; es decir, atesoran todos los pecados que el periodismo debe detestar. A esta epidemia no escapa ningún medio, creo recordar que El País fue igual de condescendiente con Felipe González durante sus últimos años de Presidente.

La lectura de La razón y el ABC contrastada con la lectura de El Mundo y El País parecen el espejo del juego de la cuerda al que llevan jugando el Presidente y el extesorero desde hace unos meses. Cada uno va empujando la verdad a su lado, pero la verdad nunca puede conseguirse empujando los acontecimientos o la realidad, es al contrario más bien. Aún así, a fuerza de tenacidad, terminaremos por creer que Bárcenas es un delincuente y que las instituciones y el Estado de derecho no se someten a chantaje, una respuesta que vale para cualquier pregunta si se mira bien o si se mira con las mismas gafas que tiene el Presidente.

La película empezó a parecer un serial de gánsteres, pero a medida que avanza el verano como un barco apestado con la tripulación muerta y medio pasaje naufragado, empieza a tener muchas semejanzas con los grandes thrillers periodísticos; de Yakuza pasamos a Todos los hombres del presidente.

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