Tony Judt, algo va mal

Construir una autopista, una red de ferrocarril, o un aeropuerto, es algo que nadie puede hacer con el único concurso de su sola voluntad; se necesitan muchas otras voluntades para llevar a cabo ciertas empresas. La enfermedad del individuo nos ha convertido en superhombres y nos ha inoculado el veneno de creer que todo es posible: amigos, no todo es posible. Para construir una autopista hace falta algo más que la voluntad de un individuo. Hace falta, para empezar, que muchos se pongan de acuerdo y alguien les escriba un contrato infame o amable, y lo firmen supuestamente en ausencia de coacción, esto es, en libertad. En esta mega máquina que hacemos andar cada día nadie firma un contrato porque le apetezca, lo hace para ganar dinero. Las huestes liberales se empeñan en afirmar que aquí todos trabajamos bajo la inocencia de la libre elección, lo cierto es que nadie elige libremente ganar una mierda de salario, nadie elige generar 1000 y cobrar 10. Quizá la elección sería más justa, más libre, más real, si el que generase 1000 ganara 1000, o si la empresa que genera 1000 reparte entre todos sus trabajadores (y no solo entre la cúpula directiva), los 1000.

Tony Judt escribió hace unos años un pequeño ensayo acerca de la situación mundial (nada menos) y sus causas; lo tituló “Algo va mal”, en España lo editó Taurus, esa editorial de cosas serias, imprescindibles y que hay que leer varias veces para comprender. El historiador inglés denuncia en su libro la moral que impera en la política desde los años setenta; mejor aún, denuncia la falta de moral que aqueja a la política desde los años setenta. Pero lo que más me ha llamado la atención es esa tensión, esa dualidad y esa lucha constante entre lo público y lo privado, entre la sociedad y el individuo.

Eliminar el concepto de sociedad, o de clase social, es el primer paso para tratar de convencernos de la grandeza del individuo: si la sociedad no existe entonces estás solo; pero no temas, cualquier individuo es capaz de lograr todo aquello que se proponga. Margaret Thatcher llevó este principio hasta límites sonrojantes cuando afirmó aquello de “la sociedad no existe, solo existen los individuos y las familias”.

La injerencia del Estado en el modo de vida de la clase media creó un rechazo hacia la socialdemocracia, al llamado estado del bienestar, que Tony Judt explica magistralmente. Ese desencanto encontró su válvula de escape mediante la entronización del individuo, mediante el culto al yo. El individuo encontró en su sobrestimación una salida a la uniformidad, al desasosiego de saberse incluido en un grupo del que nadie le había pedido opinión: debía adquirir una vivienda de protección oficial, debía llevar a sus hijos a los colegios públicos, debía contar con un seguro médico. El Estado proveía a sus hijos y sus hijos le arrojaron una pedrada, allá por los últimos sesenta del siglo pasado. Mayo del sesentayocho es la protesta de la clase media frente a la estandarización que el Estado propuso.

Hoy, la crítica de la socialdemocracia pasa por negar la lucha de clases, negar la naturaleza misma de la sociedad, y negar, por supuesto, la tributación progresiva, base de todo lo que después de la Segunda guerra mundial se consiguió en cuanto a libertad cívica. El individuo reacciona contra su propia cosificación, negando los principios de la igualdad: sólo es importante aquello que para mí es importante. De esta forma la salvación no puede venir ya del Estado, el Estado debe alejarse de los asuntos del individuo; así reza el ideario liberal en España. Resulta curioso comprobar cómo las privatizaciones no logran bajar la presión fiscal ni adelgazar el aparato del Estado.

De todo esto habla Tony Judt en su magnífico libro; leerlo es confirmarse uno en sus intuiciones. Frente a la esquizofrenia de buscar un beneficio en todo, de plantearlo todo en términos económicos, vale la pena volver a pensar el mundo como un lugar donde la organización social puede ser posible, un lugar en el que contar con el otro sea la solución y no el problema.

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Un comentario en “Tony Judt, algo va mal

  1. Pingback: “Algo va mal”, de Tony Judt | Espacio de JOSÉ ANTONIO

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