Educación para la ciudadanía

Hay algo sospechoso en todo esto, algo insoportablemente desconcertante: el lenguaje. La derecha denunciando el totalitarismo. La derecha proponiendo sistemas sostenibles. La derecha hablando de libertad, obsesivamente, con entrega, con vehemencia. La derecha erigida como llama frente a la oscuridad de la represión. En este país la tradición de la derecha ha sido siempre todo lo contrario a lo que hoy escuchamos por boca de sus dirigentes, y así, la reforma del sistema sanitario nace con el siguiente nombre: “Ley de sostenibilidad del sistema nacional de salud”. Hace muy poquitos años, todo lo que sonaba a sostenible producía un murmullo entre las bancadas de los populares, hoy produce un sonoro aplauso. La reforma educativa viene a explicar muy bien todo este desconcierto, que está dirigido por una ideología pacata, costumbrista y decimonónica, esto es, la derecha fáctica que siempre ha campado por la Península.

En el Real Decreto 1631/2006, que aprobaba la LOE, podemos leer esto en relación a la asignatura de Educación para la ciudadanía (copio de la Wikipedia):

«La Educación para la Ciudadanía tiene como objetivo favorecer el desarrollo de personas libres e íntegras a través de la consolidación de la autoestima, la dignidad personal, la libertad y la responsabilidad y la formación de futuros ciudadanos con criterio propio, respetuosos, participativos y solidarios, que conozcan sus derechos, asuman sus deberes y desarrollen hábitos cívicos para que puedan ejercer la ciudadanía de forma eficaz y responsable.»

La Iglesia católica dijo en su día que esta asignatura desprendía un fuerte “totalitarismo”. Imagino que los representantes de la Iglesia saben muy bien en qué consiste ser totalitario a tenor de la historia que atesora su institución. La Iglesia da ahora clases de antitotalitarismo, es decir, de tolerancia; una tolerancia que sólo ejerce para con sus acólitos, bien casados, de dos en dos, procreadores y beatos. Uno de los grandes lastres de la derecha española ha sido siempre la injerencia de la religión en los asuntos del Estado. Pero, volviendo al discurso inicial, encontramos que el lenguaje de la derecha no es incorrecto, no comete ninguna falta, el problema es que han abierto una brecha entre significado y significante, el problema es que modifican el diccionario para que las palabras digan lo que ellos quieren. El texto copiado más arriba puede tacharse de inocente, vacuo,  naif, obvio o irrelevante, pero ¿totalitario? ¿adoctrinador? El ministro Wert elide en su reforma la homofobia y las desigualdades sociales y económicas (ver de nuevo la Wikipedia y este artículo de EL PAIS), denuncia el nacionalismo excluyente y engrandece la economía de ámbito privado como motor de generación de riqueza, entre otras cosas. ¿Cree Wert realmente que su asignatura “Educación cívica y constitucional” carece de elementos doctrinarios? ¿No es la economía de libre mercado una doctrina? ¿Había en la antigua “Educación para  la ciudadanía” alguna referencia a algún sistema económico? Fantasmas. El ministro Wert persigue fantasmas.

Todo esto es muy sospechoso, porque yo, como ciudadano, me pregunto si es Wert entonces la persona que va a limpiar de partidismo, doctrina y totalitarismo, el plan de estudios de mis hijos; me pregunto si han sido entonces los ocho años de gobierno del PSOE una pantomima que ahora el PP va a arreglar mediante palabras que dicen lo contrario de lo que pretenden.

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