A la espera del rescate

Como la crisis está tardando mucho en desenredar su nudo gordiano, vamos poco a poco acostumbrándonos al apocalipsis; cuando todo explote no mostraremos el más mínimo asombro, todo responderá al modus operandi de las grandes esperas, todo será aburrido y predecible como una mala novela o una mala película o una buena melodía. Esta parece ser la estrategia del Gobierno, respaldada por los medios de comunicación. Cada semana es decisiva para la bolsa, los mercados y la prima de riesgo. Cada pequeño recorte se va sumando para completar la gran escisión que quedará entre el dinero que entregamos a hacienda y los servicios que obtenemos a cambio. El rescate pasará desapercibido. Corremos el riesgo de vivir perpetuamente en estado de crisis, bajo la normalidad de la ruina. Mientras, Cataluña hace mucho ruido para que el mundo crea que la independencia es el progreso. Pero la mayoría ni ve el fútbol ni va a las manifestaciones; la mayoría nos quedamos en casa porque la crisis empieza a parecerse a un estado de excepción, a un toque de queda. Rajoy interpreta mal los signos del silencio. El que calla espera.

Así, hablar todas las semanas de un rescate inminente, amortigua sus efectos; se trata de preparar a la ciudadanía para lo peor, de esta forma, lo peor queda relegado a previsible: todos esperamos el rescate y sabemos que llegará, ahora sólo falta saber cuál será el precio.

Ulrich Beck ya nos ha explicado que vivimos en la sociedad del riesgo, todas nuestras aspiraciones han quedado reducidas a controlar las posibilidades del desastre, a tantear hasta dónde podemos llegar. Antes creíamos que el crecimiento no tenía límites, hoy estamos muy cerca de alcanzarlos (o quizá ya los hemos rebasado). Sin embargo, las actuaciones del Gobierno apuntan en otra dirección; Eurovegas y la ley de costas parecen apostar por el mismo modelo que nos ha llevado a este estatus, por lo tanto nada ha cambiado y la crisis no es un punto de inflexión, sino un breve parón para tomar impulso. Frente a este desconcierto sólo cabe una actitud: el silencio. Existe una ley universal dentro de los sistemas de información que reza: la sobrecarga de información produce un retardo en el resultado. Creíamos que la era de la información nos haría más libres y estamos descubriendo que nos hace más silenciosos, más lentos, más asustadizos, tomar una decisión, tomar partido por alguna opción, se vuelve una tarea hamletiana, dudosa hasta la exasperación.

Acabamos de saber que el FMI ha lanzado una nueva profecía para el año 2013: sufriremos la mayor caída mundial del PIB. Nos dijeron que creceríamos, ahora nos dicen que el futuro es mucho más negro de lo esperado. Todo empuja al ejecutivo a la petición de un rescate que no sabemos a dónde nos conducirá, pero no nos engañemos, el crecimiento a toda costa tampoco tiene una meta clara más allá de su propia megalofagia.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s