Apuntes para un proyecto de novela (6)

Deberías estar agradecido por formar parte de una gran empresa; deberías pensar que eres un privilegiado por pasar diez horas encerrado en una oficina; en una sociedad donde más del veinte por ciento de la población carece de trabajo, tener un empleo es la base sobre la que se sostiene todo un sistema de privilegios: puedes pagar un alquiler, pagar un coche, pagar unas vacaciones, pagar la diversión de fines de semana apocalípticos y salvajes, pagar un televisor y un móvil, pagar una conexión a Internet, pagar tu libertad de pagar, o ahorrar pensando en lo que pagarás cuando todo se derrumbe y nadie pueda pagar por haber gastado lo que no tenía. No cabe duda, eres un privilegiado y tu malestar sólo puede responder a una idea: no has sido educado correctamente, has recibido demasiado a cambio de nada; los principios del libre mercado rigen también las relaciones sociales y las biografías. Eres lo que se conoce como un niño malcriado. Deberías estar agradecido y muerdes la mano del que te da de comer, cuestionas la naturaleza del privilegio mientras a pocos metros de ti —ahora puedes verlo claramente— el mendigo que duerme en el cajero que hay junto al edificio en el que trabajas, recoge los cartones y se despereza. Pero, ¿realmente existen dos únicas posibilidades? ¿Realmente sólo cabe la miseria como oposición al mundo del trabajo? ¿Realmente sólo hay espacio para pelear o correr?

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