Apuntes para un proyecto de novela (5. Estructura)

Siempre parto de una imagen o de una frase; el recorrido de la frase suele ser más largo que el de la imagen. Cuando parto de una imagen, me cuesta ir más allá de lo que veo. Cuando parto de una frase, parece que todo es mucho más sencillo. La frase es más evocadora que la imagen, en contra del tópico, una palabra vale más que mil imágenes. Nunca, sin embargo, parto de una idea general, por ejemplo, un argumento, una historia, un asunto. Mi frase o mi imagen son el asunto, el argumento, la historia. Escribo, por lo tanto, una sucesión de escenas (por llamarlo de algún modo). Esto no significa que renuncie al argumento, al contrario, el argumento se va dibujando en la maraña de escenas. Se trata de lograr, mediante la sucesión de escenas, un efecto parecido al del cinematógrafo: la sucesión de imágenes estáticas (normalmente 24 por segundo) crea la ilusión del movimiento. El argumento es, por lo tanto, una ilusión; creemos asistir al derrumbe de Raskolnikov, en Crimen y castigo, cuando en realidad sólo hay diálogos y descripciones, sólo hay un puñado de escenas. El argumento no es la finalidad de la novela, es su accidente natural. Si las escenas aciertan, si las escenas apuntan donde deben, el argumento se va desplegando como por arte de magia. Imagino que esto es lo que se suele llamar estructura.

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