Summer time

La marea de la actualidad baja dejando la orilla del interés general a lo lejos, a la altura de las preocupaciones oscuras y tediosas, aquellas que nunca acometemos, aquellas que quedan siempre para mañana. Ya he dicho que todo ha terminado y que esto es una ilusión. Vivimos de un crédito que no pagaremos. Ojo a la Eurocopa, España empieza a ser la única selección que juega contra sí misma. No tiene rival.

El fútbol es ese espectáculo de millonarios que juegan para que los pobres disfrutemos. Cuidado: sólo el 1 % (me lo acabo de inventar) de jugadores que bregan en primera división pueden presumir de ir a entrenar en un Porsche, el resto viven en la burbuja de la juventud, la siguiente que estallará. No digas que no te he avisado.

El consuelo del fútbol ha rebajado la prima de riesgo a valores tolerables; la salvación era el esférico, la cancha; la salvación era correr cuando creíamos que había que pelear. Corriendo cumplimos con un destino mucho más divertido, corriendo tenemos la ilusión de que alguien nos persigue y si corremos más no nos alcanzará. La cuestión es quién se cansará antes, el perseguidor o el perseguido.

Como todo adolece de una virtualidad lastrante y demagógica ya nada parece que nos importe de verdad: ni la prima de riesgo, ni la crisis, ni el rescate de la banca, ni los miles de muertos de Siria. Las cosas nos importan de mentira, sin mucho énfasis. La mentira del fútbol al menos nos mantiene ocupados soñando que nuestro equipo gana, cuando en realidad no tenemos equipo y el escudo es un pedazo de tela rugoso y los colores de la bandera nacional son los colores de unos pocos. Mientras se siga obliterando el morado esta bandera no es la mía, ni la tuya.

Que la crisis haya sido el último espectáculo de la democracia es el desenlace que a todos nos gustaría soñar: aahh, pero… ¿era todo una broma, un montaje? Mientras tanto, la marea de la crisis sube y baja ensanchando la playa, obligándonos a dejar la toalla a pocos metros del parking, o a salir corriendo para mejorar nuestra posición. Las vacaciones son el consuelo de los nuevos pobres, un lugar provisional antes de volver a la ruina. Los nuevos pobres no llegan a pedir limosna, tienen coche, hipoteca, trabajo, familia, prestigio aparente; pero no tienen dinero para gasolina, ni para decorar la hipoteca con muebles de IKEA, ni para invitar a un café al jefe en la oficina; están siempre pendientes de cuánto sube o baja la marea, y creen que para eso trabajan. No trabajamos para eso: trabajamos para que otro se haga millonario. Siempre.

Las vacaciones y la Eurocopa tratan de impugnar la primacía de la actualidad política, la crisis y demás histerias. Hoy hemos sabido de la petición formal de rescate y no dejo de pensar en algo: ¿dónde está el rapto? La lexicografía de la crisis merece un post aparte, toda vez que hemos oído siempre hablar de rescate económico cuando de raptos y extorsiones se trataba. Se paga un rescate para liberar a un secuestrado. En este caso pagarán un rescate a cambio de secuestrar un Estado. Ya lo hemos visto en Grecia.

Ver subir y bajar la marea es probablemente la tarea más lenta y más lánguida. Ver subir y bajar la marea y ver cómo una playa se va primero llenando y luego vaciando de bañistas, de castillos de arena, de olas, del rumor del mar. La economía es un mar proceloso e inútil: es la Luna quien gobierna la marea.

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