Ladislao Martínez o la honestidad

El diario «el mundo» está poniendo en su lugar las trincheras, las clases sociales y el aparataje político. Estábamos cansados de tanto centrismo estéril: Los pobres han de ser de izquierdas y los ricos de derechas. Un tipo con Mercedes, pisazo en Chamberí, coto hectarizado en el pueblo y chacha (¡ah!, chacha, que gran palabra en desuso), no puede apuntar a lo público. Estoy hablando del multimillonario que ha impulsado la consulta ilegal en torno a la privatización del agua. Un multimillonario no puede impulsar nada que no sea su cuenta corriente… o la miseria de sus limosnas.

Que Ladislao Martínez sea noticia por tener algo nos da la catadura moral del diario «el mundo». No entraremos aquí en el debate estéril de si tiene o no un Mercedes (es mejor darle la razón al periódico como se la damos a un tipo al que sabemos enajenado). OK, Ladislao Martínez tiene un Mercedes; si, también tiene un piso; si, también tiene terrenos. Si papá, claro papá, no te preocupes papá. Así deberíamos responder cuando el segundo periódico de mayor tirada en este país se inventa una noticia. La ficción llega a la prensa: estábamos jodidamente aburridos.

Existe una tendencia, dentro de la derecha de este país, que consiste en hacer ver que un tipo de izquierdas nunca puede tener más dinero que otro tipo de izquierdas (y menos aún que alguien de la derecha): los de izquierdas debemos ser iguales y morirnos igualmente de hambre para capitalizar nuestra propia pobreza. Yo tampoco entiendo esta última frase, pero me aburre escribir sabiendo lo que tengo que decir, me gusta sorprenderme con tonterías. Ahora en serio: Ladislao Martínez es rico, Ladislao Martínez no puede querer para ti y para mí una gestión pública del agua.

Un tipo con dinero ha de querer más dinero, para él, para nadie más que él. Ser de izquierdas significa estar hipotecado por la parafernalia de lo social, no tener suelto, andar desde hace diez años con las mismas zapatillas sucias. Nadie entiende que un tipo sin dinero desee la privatización de una empresa pública. Para luchar por lo público hay ―primero― que morirse de hambre.

Pero detrás de la noticia subyace un mensaje adoctrinador: la honestidad. Julio César dijo que además de ser honesto hay que parecerlo, lo cual nos lleva a pensar que el mundo de las apariencias existe desde mucho antes que Internet. A la derecha no le basta con tener dinero, hay, además, que dejar bien claro que uno tiene dinero conduciendo un Mercedes, comprando pisos o manteniendo huertos onerosos. Esto a un lado del ring; al otro lado pobres que deben parecer pobres para pedir que la cosa pública funcione. Así nos enteramos mejor. El asunto es pues una cuestión de honestidad. Ladislao Martínez no es un tipo honesto porque a ojos de «el mundo» no lo parece. Siguiendo este mismo principio espero que nunca sean noticia Aguirre, Acebes o Zaplana, por donar X dinero a una ONG o a la iglesia: son ricos, deberían preocuparse por tener más dinero del que tiene su vecino, podríamos acusarles en caso contrario de proselitismo para con la izquierda.

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