Teatro, lo tuyo es puro teatro

He oído en la radio una ponderación desmesurada acerca del teatro y su utilidad para el ciudadano. El comentario en cuestión ha sido más o menos así: “el teatro es imprescindible para la ciudadanía”. Creo que la persona que lo ha dicho es Ángeles González Sinde. Antes de continuar quiero dejar claro mi posicionamiento en cuanto a la ley sinde: estoy a favor, así, sin ambages, sin que se me caiga la careta. También tengo que decir que me parece sonrojante que ―por poner un ejemplo― Alejandro Sanz publicite el derecho de cualquier autor a recibir dinero por su obra; son otros los que deberían aparecer ahí, son los autores que no pueden vivir de lo que hacen a los que hay que defender. Por eso estoy a favor de la ley sinde. Volvamos a la necesidad del teatro.

Santo Tomás nos habló con paciencia de lo contingente y lo necesario; Dios es necesario y el hombre contingente. Así hemos venido funcionando durante setecientos años, pero el siglo XXI nos está acercando peligrosamente al abismo de la contingencia absoluta, y estamos empezando a sospechar que si la Tierra no girara obstinadamente alrededor del Sol, tampoco pasaría nada. Visto todo desde ciento cuarenta millones de kilómetros, parece menos importante. No pequemos de vehementes, no nos alejemos tanto.

Creo que la pregunta inmediata cuando alcanzamos la categoría de “imprescindible” es ¿para qué? Entiendo que González Sinde (o quien lo haya dicho) a lo que se refería es a que el teatro nos hace mejores personas. La frase completa sería así: “el teatro es imprescindible porque nos hace mejores ciudadanos”. Imagino que cualquier apasionado de lo que sea puede pensar de igual modo. Pongamos ejemplos: “la petanca nos hace mejores personas” o “el pilates nos hace mejores personas”. Pero nadie se atreve a hacer aseveraciones como las anteriores, de la misma manera que nadie se atreve a decir “voy al teatro porque me sienta bien”; y sin embargo esa es la única verdad. Leemos libros, vemos películas, vemos obras de teatro, acudimos a exposiciones y escuchamos música, porque nos gusta hacerlo y nos reconforta; de la misma manera que a otros les gusta jugar al póker o hacer yoga.

Hay un aroma de gran perfume en todo lo que está relacionado con la cultura, y un aroma de colonia barata en todo lo que se circunscribe al (digamos) ocio menor, sin embargo ambas opciones se encuadran dentro del mismo ámbito: la industria del entretenimiento. Para pasar la tarde podemos elegir la Xbox o el último libro de Javier Marías. Las interpretaciones que vengan a raíz de una u otra opción son solo eso: interpretaciones. El hecho es inamovible.

Hacernos creer que algo es imprescindible es el primer paso para obligarnos a aceptarlo. Todos lo estáis pensando, yo lo voy a decir: imprescindible es el agua, el oxígeno, la comida y el abrigo. Todo lo demás es prescindible. Hacernos creer que algo es imprescindible es la misma treta que utiliza el comercial de enciclopedias. Pero ¿cómo no tiene usted en su salón la Larousse? La Larousse le hará mejor persona, así sabrá quién mató a Kennedy.

La ex ministra Sinde trata de vendernos el teatro. Empezamos a comprender la verdadera naturaleza de un verdadero ministro: el comercio, son comerciales de una empresa llamada estado. También nos intentan vender la inevitabilidad de los recortes. Todo es inevitable en el mundo de los accesorios imprescindibles.

La cultura ha sido, hasta la segunda mitad del siglo XX, un bien exclusivo, incluso me atrevería a decir que la cultura escapaba a la noción de bien de consumo; se trataba de algo realmente secreto, realmente misterioso y realmente revelador. Hoy disponemos de muchos bienes que nos marcan con el aroma de la exclusividad, por ejemplo, Porsche, por ejemplo, Armani.

Quizá la ex ministra quería decir algo mucho más mundano, algo más humilde, algo como, por ejemplo, que el teatro nos hace llorar y nos hace sentirnos vivos, algo contra lo que ninguna Xbox ni ningún Porsche podrán nunca competir.

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Un comentario en “Teatro, lo tuyo es puro teatro

  1. Estimado Sr. Me mezcla usted las churras con las merinas, como suele. Y nos hacemos un lío los mortales. Qué tiene que ver el teatro con la Ley Sinde? Supongo que lo que la aseveración “el teatro es imprescincible para la ciudadanía” quiere decir tiene poco que ver con lo que opine la Sra. González Sinde o incluso lo que opine el autor de este post. No se trata de que a una personas o a otras ir al teatro les resulte más o menos prescincible, sino de lo que significa -ha significado- el teatro a lo largo de la historia de la humanidad, como colectivo. Existe desde hace 2000 años y el ser humano -en su conceción comunitaria “ciudadanía”- no ha querido o estimado oportuno prescindir de él. Quizás el autor podría haber reflexionado sobre lo que significa el teatro para la comunidad y por qué un forma de representación tan arcaica no sucumbre a la era de las nuevas tecnologías o al cine en 3D. Le invito a pensar en ello…

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