Síndrome de Diógenes

En la relación que tenemos con los objetos está cifrado el secreto del mundo; Cortázar escribió un micro relato sublime explicando que cuando nos regalan un reloj nos condenan a darle cuerda de por vida, a limpiarlo, a cuidarlo, a mantenerlo, a mirar constantemente la hora; al final resulta que nosotros somos el regalo del reloj y no al revés.

Hay, en la obsesión del coleccionista, un principio totalizador, un hambre de abarcarlo todo; pero hay también una carencia, un agujero por donde se desangra la herida del mundo. Ya no sabemos si las cosas nos sirven o les servimos nosotros a ellas.

Con el dinero sucede lo mismo. Alguien debe tenerlo todo, alguien debe hacerse cargo, si no lo hago yo, ¿quién lo hará?

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